Algunas veces

Nadie sabe por qué,
aunque presumamos que sí,
los diez dedos de la mano señalan
al mismo lugar,
un lugar por otro lado obvio,
común, gastado, manido,
castigado al fin
de tanto usarse.

Otras son los dedos de los pies,
y sumamos veinte,
los que apuntan precisos,
como recuperando su valor
dado que los consideramos inútiles.

Puede incluso que los dientes,
ya pasamos de cincuenta,
envidiosos de tanta atención
aporten su esfuerzo.
(Señalar con los dientes
no es fácil)

A veces el corazón
va y se apunta,
sumando uno más,
y entonces es la revolución:
todos a la vez, insistiendo,
repitiendo una y otra vez
mira, mira, mira, ¿no lo ves?

Pero uno que a veces es tonto
(muchas)
no se da cuenta,
y solo ve
un lugar por otro lado obvio,
común, gastado, manido,
castigado al fin
de tanto usarse.

Otras, sin embargo,
(pocas, poquísimas)
lo miro y descubro
que es el lugar más hermoso
donde jamás haya estado.


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