Porque me esperas en el folio,
virgen aun de tristezas,
de humanidades, de realidad.
Me vives allí siempre, fiel.

Porque te atrapo en mi papel,
y tú, sublime, perfecta
haces reino de mis letras,
las posees y gobiernas.

Porque me haces Rey Arturo
de tu boca redonda,
caballero de pluma arrancada
de aquella piedra triste.

Porque dime si no
qué otra cosa podemos hacer.
Que respirar ya lo hago
y no me sirve de nada.


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