Primero está la ternura de lo sentido,
la imperfección de lo amado.

Lejos de la lucha de los hombres,
que no es otra que el miedo
a sentir ternura
y a amar lo imperfecto.

Y después de la lucha está
la valentía de decírselo.
Esa, esa… esa es la batalla más difícil


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