Érase una vez

Me gustas en tus mil formas y acepciones. Pero sobre todo cuando eres compañera de rutinas y de días mediocres, de lluvias, de momentos en los que hay que detenerse a equilibrar. Me gustas compañera de hombro en el que descansar batallas inanes, reposo del guerrero sin victoria y desarmado, abrazo en el invierno de los espacios vacíos. Me gustas compañera en los cualquiera, en los algunos y en todos los indefinidos de la vida. Me gustas en mil formas y acepciones pero especialmente en la más difícil de ellas, compañera, la que no deslumbra en los cuentos de princesas ni protagoniza érase una vez. Pero la que está, siempre, en los a pesar de.


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