Y se preguntaron por aquellos sauces que nunca dejaron de llorar, o aquellas hojas de otoño que nunca dejaron de caer.
Y se preguntaron por preguntas que nunca se respondieron. Y en esa interminable pregunta consumieron sus cuerpos hasta que fueron cenizas posadas en sauces y hojas de los que otros, que llegaron tarde al domingo, se preguntaron también.
El sauce no tuvo motivos para reír.
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