Si vieron, fugaces, las ideas de un mundo mejor, y alentados por esos sueños mordieron sangre.
Si quisieron, ilusos, cambiar la faz de un rostro anegado de odio inmisericorde.
Si postraron, agotados, sus cansadas voces de tanto gritar frente a las calles oscuras.
Quiénes somos nosotros para no resucitar sus sueños, pidiendo perdón por llegar, probablemente, tarde.
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