Nos creíamos fuertes, eternos, invencibles. Nos pensamos resistentes al desánimo, navegadores de tormentas, vencedores de justas medievales, supervivientes de holocaustos diarios en la oficina. Nos hacíamos los duros ante las tormentas del fin de mes y los alquileres injustos. Enérgicos combatientes del ideal mínimo que da para una falsa paz mental.

Nos creíamos todopoderosos hasta que necesitamos ayuda y al acudir, por fin, a la cita, vimos que había una larga cola de superhéroes esperando su turno.


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