Perfección 01

Aquella noche hacía el calor necesario para entendernos.

Aquella noche la luz intensa de la luna era necesariamente imprescindible para que nos abrazáramos.

Aquella noche, y de forma cuantitativamente necesaria, el musgo abrazado a la tierra era el justo para que nos entendiéramos.

Aquella irrepetible noche, y minuciosamente calculadas, lucían las estrellan con la intensidad nanométricamente calculada para dar el equitativo brillo a tus verdes ojos de mar. Aquella noche todo, todo, todo era absolutamente perfecto.

Lástima que estuvieras conmigo.

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