Del botellón al vaso: evolución y desengaño

por alexasunsolo

Un estudio pormenorizado y rigurosamente científico ha demostrado que ya no te podrán engañar más cuando te digan la edad. Basta con que mires el recipiente del que bebe. Nunca Falla.

En Madrid, como en casi toda España, la forma del recipiente donde va a permanecer la bebida, normalmente por poco tiempo, es directamente proporcional al grado de evolución del ser que la sostiene entre sus manos. A continuación te resumimos en breves líneas los momentos básicos en la vida del ser humano.

La primera vez que sales eres llevado a algún parque (entiéndase por parque cualquier superficie con un par de metros cuadrados de hierba mal cuidada, un banco aferrado con soplete al asfalto y un árbol cercano que hará pronto las veces de WC), a participar del llamado BOTELLÓN. Dícese del momento en que un grupo nunca inferior a diez personas bebe, trinca, saborea, chupa, lame y sorbe los 8 milímetros de diámetro que tiene el orificio de una botella previamente rellenada con alcohol y una bebida gaseosa en una proporción de 2 a 1, siempre a favor del alcohol, claro.

Te darás cuenta de que estás en el paso siguiente de la evolución por dos elementos: uno es que el grupo se ha visto reducido a unas ocho personas debido a lances varios de temática normalmente amistosa (qué desagradable resulta caerle bien a la gente que te cae mal); el segundo es que el recipiente ha ensanchado notablemente sus medidas aunque sigue siendo de plástico. Es el aclamado MINI. Un litro cuyas proporciones son semejantes a las del botellón, añadiéndose ahora 250 gramos de incómodos icebergs llamados hielos por una grotesca metonimia.

La especie avanza irremisiblemente y el hábito hace al monje. Un día descubrirás que son sólo cuatro los ¿amigos? que te rodean. Ahora los lances son puramente sexuales (no ceder a un vicio cuesta más que mantener una familia). El peligro a los innumerables contagios añadido a cierta consideración de clase te convierte en un egoísta, así que ya nadie comparte ese cilindro alargado que damos en llamar COPA. La proporción de mezcla es ahora de 3 a 1, siempre a favor del refresco, claro. El hielo nunca tiene tiempo de enfriar el contenido. Has alcanzado el cenit de tu carrera. Es tu mejor momento.

Pero como todo lo bueno en la vida se acaba y el camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita hacia abajo, llegará la velada en que el espejo te avance triste que esa noche tu compañía será una sola persona (normalmente del sexo contrario, aunque nunca se sabe), los lances ahora estriban entre las cortinas del salón y el colegio de los niños. El recipiente es más bajo y más ancho y se llama VASO, ahora (todo tiende a su inicio) la proporción es de nuevo de 2 a 1… siempre a favor de la leche, claro. ¿Con hielo? solo durante el verano.”

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