Elogio del que suplica

por alexasunsolo

Sea una tarde como la de hoy la que decida hacer el elogio del que suplica.

Porque suplicar es de débiles, se nos dice, porque si pensamos en suplicar nos conduce a una imagen de persona arrodillada, que a su vez nos lleva a la imagen de una persona que se rinde, ergo que ha perdido. Y eso no se perdona.

Porque se nos enseña que tenemos que ser fuertes, no darnos por vencidos, porque claro que se sabe reconocer al que lleva la cabeza alta con el orgullo del que todo lo hace bien. Porque el si suplicas has terminado, estás acabado, muerto, porque una súplica es el final de una batalla que, como decía, has perdido. Y eso, como decía que decía, no se perdona.

Pues no. No es así, no debería serlo. Deberíamos aprender que una súplica es una petición que se hace con humildad. La humildad del que reconoce que no sabe y necesita de ayuda (otro día el elogio para el que la pide), la humildad del que reconoce que no puede solo y, mejor aun, del que reconoce que solamente le queda hacer eso: suplicar.

Suplicar puede ser el mayor reconocimiento del aprendiz a su maestro, y el primer paso para dejar de necesitar de un maestro. Porque suplicar no es siempre el final de una batalla, sino el principio de otra que ganará la guerra tras esa necesaria derrota.

Porque, y puede que lo más importante, suplicar puede ser la mejor de las victorias contra uno mismo, el sentirse humano, el sentirse nadapoderoso en un mundo que no te premiará por ello, pero que te hará conocerte como ninguna fortaleza probablemente lo haga.

Y porque arrodillarse es también un signo de admiración y reconocimiento de la persona ante quien lo haces. Y si no que se lo digan a quienes pidieron así la mano de la persona a la que adoran.

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