Cinco ideas y una verdad incómoda sobre el sentimiento de culpa

por alexasunsolo

El sentimiento de culpa es insistente, es como la gota que cae constantemente desde el grifo que no cierra, como la alarma de la mañana que se repite cada cinco minutos aunque la detengas.

El sentimiento de culpa puede aparecer por algo que has hecho. Entonces tiene ese sabor añadido de lo que ya no se puede impedir, tiene modos de trampolín del que has saltado y ya no cabe sino esperar el golpe del agua protegiendo tu cuerpo; tiene aspecto de final de partido, con sensaciones de lástima de cinco minutos.

El sentimiento de culpa puede aparecer también por algo que no has hecho. En ese caso tiene sabor a ansiedad, a impotencia, a invalidez desesperada. Se viste de excusa, de razones, de motivos, todos tan vacíos que no llenan el traje del paso que no se dará.

El sentimiento de culpa no se comparte, se contagia, es una enfermedad de transmisión sentimental que va de un cuerpo a otro en una extraña competición, donde el receptor asume la carga y la acepta como suya incrementándola con sus virus personales.

El sentimiento de culpa es como la energía, no se crea ni se destruye, se va transformando en cada etapa de la vida, se hace carne en distintas personas, fluye entre actos, pero está.

La verdad incómoda: los que nunca tienen el sentimiento de culpa, los que nunca lo sufren, esos que ni siquiera saben qué es, son, evidentemente, los culpables.

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