Habrá que tocarse con los ojos.
Estar encerrado
es el desamor del tacto,
el paraguas de dos innecesario,
ver a quien se parece a ti
pero no eres.
Estar encerrado
es el volver al poema
como refugio eterno
#diadelapoesia
Un día dejaste de pensar en ella. Ya no creías que el mundo se construyó según caminaba, un día dejaste de profesar el mandamiento de sus diez locuras; renunciaste entonces a encontrarte en su espejo, se te olvidó su todo, ya no alimentaste ninguno de sus caprichos y no volviste a recordar sus modos de hacerte esperar cuando llegaba tarde. Un día dejaste de entender vuestro lenguaje, o, aun peor, necesitaste un traductor; aquel día la besaste y dios no necesitó después un día para descansar. Vuestra canción se hizo de todos o de nadie, los versos necesitaron desde entonces la rima consonante en los pares y vuestra ciudad se llenó de turistas; ese día dejaste de construir catedrales con sus caricias, y no pudiste ya escribir una enciclopedia con sus palabras. Su nombre ya no fue tu Quijote ni su cuerpo tu Biblia.
Ese día fue de noche, pudiste dormir sin soñar, supiste lo que es mucho, pero nunca volviste a conocer lo que es todo, te mojaste sin empaparte, caminaste sin volver a pasear, a paso firme pero sin nunca dar un salto; ese día dijiste con seguridad lo que no eres, sin saber ya lo que eres, a partir de ese día reíste con motivos pero nunca volviste a sonreír sin motivo, y te pusiste triste, pero sin poder derramar una lágrima. Desde aquel día tus besos son de fogueo y tu cinturón un salvavidas. Ese día te convertiste en un siperono. Uno de tantos.
Está la lucha, esa que agarra un fusil y avanza en la trinchera, esa que alza el puño al cielo para conquistar los adoquines sobre la playa.
Y está la lucha, esa que te levanta cada día al suburbano libro en mano, esa que aguanta y soporta momentos silenciosos y anodinos, ignorancias y vacíos.
Y está la lucha por vos. La más difícil, la que me vence y derrota.