No hay escenario suficiente
para representar
tu gesto único:
ese, tan tuyo, inimitable,
ese que siquiera sabes que haces
cuando miras sin mirar.
No hay telón
que finalice tu obra en dos actos:
párpado y sonrisa.
No hay escenario suficiente
para representar
tu gesto único:
ese, tan tuyo, inimitable,
ese que siquiera sabes que haces
cuando miras sin mirar.
No hay telón
que finalice tu obra en dos actos:
párpado y sonrisa.
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