No necesito nada que no sea nuestro todo.
Me gusta no terminar películas contigo; me gusta cambiar el plan a última hora; me gusta que lleguemos tarde; me gusta que se nos enfríe la comida; me gusta que se nos olvide bajar la basura; me gusta que no sepamos lo que hacer; me gusta que nuestra planta esté a riesgo de sequía; me gusta que tengamos pendiente colgar esa balda.
Porque son nuestras imperfectas vidas reales juntos.
Están las personas que son planetas solitarios, por decisión propia o por frío abandono. Están las que tienen a su pareja como un satélite alrededor, girando en torno a su ego. Están las que son el satélite, felices sin vida propia y órbita dependiente. Están las que son el sol de muchas otras, calor que quema pero intocables por castigo. Están las rodeadas de anillos a veces dorados, a veces celdas en realidad.
Y estás tú, universo infinito que puedes elegir qué planeta quieres poseer.
Si no soy el que más te quiere,
si no soy el que más te admira,
si no soy el que más cree en ti,
si no soy el que siempre te apoya,
si no soy el que mejor te conoce,
si no soy el que que menos duda,
Si no soy yo el yo que mereces,
no soy yo, entonces.
Y años después, tras miles de besos, risas, llantos, alegrías, viajes y esperas en aeropuertos y trenes, tras incontables mensajes y silencios, llamadas y sorpresas…
Seguían teniendo su primera cita.