Nunca guardarás en el banco lo que merece la pena, ni en un caja, ni bajo llaves, ni en pisos o segundas residencias, ni en fondos de inversión, ni lo recibirás en herencia o gananciales.
Lo que merece la pena se besa y se respira, se ríe, llora, comparte, admira, aprende, mima, se ama con pasión ilimitada e irrefrenable.
Un valor incalculable que no cuesta nada y cuesta mucho al mismo tiempo.
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