Y de pronto el libro cae sin querer
y queda de cantos abiertos
mirando al suelo a tapas descubiertas.
Nadie sabe si fue el azar o la necesidad,
pero las páginas que quedaron,
de bruces frente al suelo,
eran las del poema de la duda.
Y de pronto el libro cae sin querer
y queda de cantos abiertos
mirando al suelo a tapas descubiertas.
Nadie sabe si fue el azar o la necesidad,
pero las páginas que quedaron,
de bruces frente al suelo,
eran las del poema de la duda.
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja una respuesta