Miraba y me soñaba protagonista de historias de una escalera, otras veces oteaba el tragaluz. No sé si vendrá mi hijo a verme. Siempre vigilaba bohemia ese pasillo con luces amarillentas parpadeantes (ay Manolo, el portero que no las cambia). Nunca supe si a través de la mirilla la vida se soñaba o soñaba la vida. Tengo que salir a comprar las medicinas. En cualquier caso la escalera es el río que va a dar en el portal, que es el morir porque no hay rampa para mi andador.