De qué va esto

No trata de paseos a la luz de la luna o de hojas cayendo en el parque. No va de besos bajo la lluvia o de despedidas en la estación.

Va de vencer al lunes por la tarde, esperar en la cola del supermercado, ver el canal que no te gusta, esperar para cenar juntos o aceptar que otra vez cuesta llegar a fin de mes.

Va de hacer de la realidad la lluvia, la luna, las hojas y la estación.

Noche insomne

Para ti es la noche, es un simple irte a dormir. Para mí es el espacio cielo donde querría estar.

En tus sueños. En tu cama. En tu descanso. En tu día después. En tu día antes.

Para ti es la noche. Para mí es el insomnio.

Amor en fase cero.

Esa historia de amor que se escribe ahora con viajes en metro, vacío de ti. Esa que nunca llega a sonar como las canciones traidoras que sí te asaltan en medio del paseo. Esa que son sonrisas en miradas bajo mascarillas de lamento de por qué no lo hice antes. Esa que es siempre sobre la cama dormida y nunca llega al sofá de la tarde. Esa que nunca guardó tu teléfono. Esa que tuviste a un poema por lograr y se quedó en proclama. Esa que de tan impaciente se imposibilita. Esa en paréntesis sin visos de cerrarse nunca un sábado. Esa con espacios eternos de noticias que la desfasan. Cada día que pasa nos aleja de tocarnos, siquiera conocernos, siquiera ser.

Los siperonoes

Un día dejaste de pensar en ella. Ya no creías que el mundo se construyó según caminaba, un día dejaste de profesar el mandamiento de sus diez locuras; renunciaste entonces a encontrarte en su espejo, se te olvidó su todo, ya no alimentaste ninguno de sus caprichos y no volviste a recordar sus modos de hacerte esperar cuando llegaba tarde. Un día dejaste de entender vuestro lenguaje, o, aun peor, necesitaste un traductor; aquel día la besaste y dios no necesitó después un día para descansar. Vuestra canción se hizo de todos o de nadie, los versos necesitaron desde entonces la rima consonante en los pares y vuestra ciudad se llenó de turistas; ese día dejaste de construir catedrales con sus caricias, y no pudiste ya escribir una enciclopedia con sus palabras. Su nombre ya no fue tu Quijote ni su cuerpo tu Biblia.

Ese día fue de noche, pudiste dormir sin soñar, supiste lo que es mucho, pero nunca volviste a conocer lo que es todo, te mojaste sin empaparte, caminaste sin volver a pasear, a paso firme pero sin nunca dar un salto; ese día dijiste con seguridad lo que no eres, sin saber ya lo que eres, a partir de ese día reíste con motivos pero nunca volviste a sonreír sin motivo, y te pusiste triste, pero sin poder derramar una lágrima. Desde aquel día tus besos son de fogueo y tu cinturón un salvavidas. Ese día te convertiste en un siperono. Uno de tantos.

“Le he preguntado a mi sombra”

Para N.

Y quizá no le ha gustado lo que ha visto, porque la era sigue pariendo corazones, nunca ha dejado de hacerlo, a mi alrededor, sin poder más, y le duele la tierra, el barro, le duele el aire que es difícil de respirar, le duele lo que no debería suceder y sucede, la era está gritando en cada calle que no se recorre y se queda sin luz, sin motivos. Grita por los que no tienen voz, por los que no pueden, por los que ni siquiera saben de la lucha en los campos de cristales y moqueta.

Y el cielo debe quemarse, si es preciso, porque al final de este viaje lo que queda es lo que eres, lo que pensabas que eras, lo que quisiste ser, en la plaza, en las tertulias y en los cafés de un barrio que no te reconoce porque te desdibuja un momento vital sin trazas posibles.

No quiero quedar bien cuando canto, de lo posible no se sabe siquiera demasiado y de lo imposible te alejan bandos y propuestas vacías, en medio de aplausos contractuales, yugos del presente.

Debo dejar la casa y el sillón, no sin antes gastar la munición que quede por los que no la tienen, por los que no pueden, por los que lo merecen.

La guerra sigue siendo la paz del futuro.

Fotografía en el portal.

Dejaste la mirada allí, retenida bajo el portal, esperando a que se ella se diera la vuelta. Corría el aire, caía la lluvia fina con sabor de noche nueva, que apenas te calaba en la ilusión, paseaban nocturnos viandantes a paso ligero, como si no quisieran aparecer en la fotografía que protagonizabas.

Seguías mirando, absorto e incrédulo al sentimiento que, de nuevo aparecía absurdo en una noche inesperada. Mirabas con la esperanza eterna del inocente, pausando cada segundo en un intento de finalizar la rotación de la tierra.

Mirabas y mirabas. Miraste. Porque nunca se dió la vuelta para regalarte el beso que tan enorme contexto hubiera merecido.

Al día siguiente todo sería silencio y olvido.

Algún día

Algún día, espero, te darás cuenta de las muchas cosas que hago por ti. Algún día, incluso, te darás cuenta de las muchas cosas que no hago por ti. Y algún día, finalmente, te darás cuenta de que las segundas costaron mucho más que las primeras

fuerteventura

A las nueve y cinco llego al restaurante, tengo una mesa para uno perfectamente colocada. Ella ha colocado los cubiertos de tal forma que cuando me siento me quedo mirando la ventana, el monte, la calle. Pienso que lo ha hecho para que no me sienta solo cenando. Incluyo en mi propina el deseo de que ella no tenga que cenar sola si no es porque quiere

semanario de la vida

Todas las vidas tienen su lunes, donde lo ves todo negro, difícil,
lagrimando entre sombras sin perspectiva ninguna

Todas las vidas tienen su martes, donde, acomodado aun en la tristeza,
te sorprendes porque sigues en pie, a pesar de todo.

Todas las vidas tienen su miércoles, donde el vaso está medio vacío
y, sin ceder a ilusiones , rechazas asomarte a ellas.

Todas las vidas tienen su jueves, donde un vaso medio lleno te avisa
de que lo bueno está justo delante y, bajando las defensas, esbozas una prenatal sonrisa

Todas las vidas tienen su viernes de vasos llenos, de medallas al valor,
donde miras henchido aquel lunes difícil que necesitaba el héroe que finalmente has sido.

Todas las vidas tienen su sábado, donde es hora de beberse el vaso ilusiones otrora atisbadas,
y ya no eres héroe sino Dios, y de tanto disfrutar se te olvida que hubo un lunes, siquiera que habrá domingo

Porque, sí, todas las vidas tienen su domingo, en el que sostendrás en tu mano un vaso vacío para recordar lo hermoso que fue cada paso en el camino,
y te verás aconsejando a un lunes que no te creerá por senil,
o animando a un miércoles a que confíe en la otra mitad del vaso.
Y no serás ya Dios sino profeta,
porque estarás cansado y viejo para convertirte en viernes
y ningún sábado será nunca ya como el primero