La poesía no se vende

Se pausa en el adios, se llora en el tren, se grita en cada estación, se lamenta en el destino, se rimará en tu recuerdo y se amará para siempre en cada lágrima.

Lo demás son solamente libros.

Navegador

Porque a veces sientes que el camino está recorrido y no es el tuyo. Otras desconoces la razón de transitarlo, otras no ves el final. Las menos te entretiene. Las más no entiendes nada.

De pronto no es el camino. Es con quien lo estás caminando.

Y daba igual

Y daban igual las cortinas cerradas, las sillas alrededor, las mesas con recuerdos de banquete y platos de postre a medio terminar, los restos de cotillón en el suelo, la sensación pegajosa de los zapatos en el suelo, la bombilla de aquella lámpara que, intermitente, avisaba de una muerte pronta, la pareja de niños jugando bajo la mesa con objetos indefinidos, el anciano dormido sobre su cuello torcido en la mesa de copas, que duermen igualmente sobre un charco de vino, la camarera agotada con ya poco decoro en el apilar sin ganas los platos en la bandeja, chaquetas en sillas que ya no son de nadie. Madrugada de prórroga.

Daba todo igual, porque bailábamos solos bajo la esfera de cristales la canción de nuestra inmortalidad.

Prólogo

La sencilla pero inevitable mirada que te delata. La mano que acercas sigilosa. Cambio de postura forzado. Inocente suspiro. Nervios. Espera. Aguanta. Espera. Cruce de respiraciones. Contacto visual.

A partir de ahí, es cosa vuestra.