Hay una suerte de suerte, como que el autobús llegue a tiempo. Otra como que te llamen para ese trabajo en el momento oportuno; hay una suerte de ventura como que coincidas un día con alguien que te gusta.
Y luego hay una casualidad como que os toméis una copa juntos. Un azar que te lleva a repetirlo. Y repetirlo.
Y luego está el destino, que te dice que no fue suerte, ni ventura, ni casualidad, ni azar.
Era que tenías que ser tú.
