Luna que lo sabes todo,
párpados abiertos según el cuarto.
Dueña de las horas, vigía,
faro de poetas y malvados.
Luna, ya que inspiras amores
y aquelarres ocultos
versa conmigo o canta,
pero no te calles indiferente.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Luna que lo sabes todo,
párpados abiertos según el cuarto.
Dueña de las horas, vigía,
faro de poetas y malvados.
Luna, ya que inspiras amores
y aquelarres ocultos
versa conmigo o canta,
pero no te calles indiferente.
Y de pronto el libro cae sin querer
y queda de cantos abiertos
mirando al suelo a tapas descubiertas.
Nadie sabe si fue el azar o la necesidad,
pero las páginas que quedaron,
de bruces frente al suelo,
eran las del poema de la duda.
A veces el ascensor se para entre pisos,
Y si lo hace suficiente tiempo
Uno olvida si subía o bajaba.
Olvida dónde iba.
O de dónde venía.
A veces el ascensor se para entre pisos
Y tú eres el botón de alarma.
Ha habido un debate entre futuros.
Bronco, inesperado y fugaz.
El moderador callaba absorto.
No hubo posibilidad de empatar.
Y el sendero en el jardín se vuelve a bifurcar.
No podía dormir.
Los libros sin leer le gritaban desde las estanterías.
Todos esos diálogos sordos, versos perdidos.
Todos esos puntos sin su aparte.
«Que mi nombre no se borre en la historia.»
No hubo lluvia, ni luna, ni música de fondo. No hubo flores, champán o bombones. No hubo precuelas, spoiler, avances o campañas de marketing.
Hubo un todo eso que no se puede contar.
Y ellos.
Y fue verdad. Y nadie lo supo.
Nadie dice la verdad,
comentan.
La verdad no se dice, se hace,
pienso.
Todos parecen ser felices,
publican.
La felicidad no se enseña, te inunda,
Proclamo.
Todos creen tener la razón,
gritan.
Yo no sé ni qué es razonable ya,
y callo.
Antes está el amor,
el que no prescribe ni cede.
Después está el amor,
el que no caduca ni termina.
Y en el entretanto está el amor
peleando con las cosas absurdas de la vida.
Las que prescriben, ceden, caducan y terminan.