Unidad de medida de la distancia entre los dos: besos sin dar
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Hubo un tiempo en que te sorprendías a ti misma en cada cosa, como pionera en planeta extraño; un tiempo en que tenías capacidad de sorpresa, esa sorpresa dulce de las primeras veces.
Hubo un tiempo donde con ansiedad buscabas caricias y las pestañas eran señales en morse.
Hubo un tiempo en que escribías tus propios futuros imposiblemente posibles.
Guarda todo lo que pasó después en un pensamiento que envíes al olvido.
Y vuelve allí. Volvamos juntos
Caían las hojas
Caía la lluvia
Caía el pasado
Caía el miedo
Caían las mochilas
Caían las dudas
Caían otros futuros
Caían los enemigos
Pero teníamos el paraguas del nos da igual
Ese primer paso
No lo da el que menos miedo tiene
No se deja en manos de la suerte
No sale solo sin pensar
No sucede sin más
No depende de que llueva
No lo explica la teoría del caos
No aparece sin ser llamado
No estaba ahí sin saberse
No es cuestión de tiempo.
No promete nada
Uno tiene que darlo
Y a veces también el segundo
Y el tercero.
Y así.
Si hubiera un dios
Le agradecería que existas,
admiraría que te creara en un día
y pudiera siquiera descansar.
Le pediría que fuéramos eternos,
que detuviera el tiempo,
rogaría por un minuto más
en cada beso, en cada abrazo.
Le rezaría el creo en ti, todopoderoso
aunque lo haga más en ella, todopoderosa.
Le haría la ofrenda dominical
de estos versos que acumulo.