La distancia más corta es el alma misma.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Y luego esa poesía infinita en forma de silencios con manos entrelazadas, de paseos de lluvia con destinos frente al mar, de desayunos tranquilos con sabor a espero verte al final del día, de esperas nerviosas, de teléfonos en modo ansiedad, de rivalidad en los besos, del no hacer nada y serlo todo.
Resulta enormemente contradictorio que, estando como estás en todas partes, te eche tanto de menos.
Un mal día no debería durar más que un buen beso.
El tiempo se equivoca siempre en el reparto.
Empezar es un verbo que necesita que algo lo conjugue.
Ese algo es lágrima, beso, sonrisa, grito, mirada, desgarro, abrazo… mas nunca silencio.
El silencio es un infinito infinitivo.
Amar nunca es ser mejor que el otro. Es darse cuenta de que el otro te hace mejor a ti mismo.
Siempre deja de ser un adverbio cuando es contigo.
Cuando es contigo siempre es lo que va después del para.
No huyas de la noche
corre hacia el sol.
No huyas del silencio
Corre hacia la palabra.
No huyas de la làgrima
Corre hacia la sonrisa.
No huyas del tedio
Corre hacia la felicidad.
No huyas de la soledad
Corre hacia quien ames.
No huyas de la nada
Corre hacia tu todo.
El destino será el mismo,
El viaje totalmente distinto.
El amor es como el sueño.
Llega, te atrapa, te envuelve y te derrota aunque intentes vencerlo.
Pero luego no quieres despertar, no quieres salir de la cama y quieres que te venza otra vez.