Sin ser llama, quemas; ardo de frío esta noche
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
No hay escenario suficiente
para representar
tu gesto único:
ese, tan tuyo, inimitable,
ese que siquiera sabes que haces
cuando miras sin mirar.
No hay telón
que finalice tu obra en dos actos:
párpado y sonrisa.
Dame motivos para cerrar los ojos
para no leerte el cuerpo
para no mirarte de reojo
para no inventarme un nosotros
para silenciar mi sueño
para descansar los latidos
Dame motivos
Que yo te daré a cambio
mi respiración
A golpe de ternura, nos inventas un sol de eclipses imposibles.
Y lo haces así, como si nada.
Para ti es la noche, es un simple irte a dormir. Para mí es el espacio cielo donde querría estar.
En tus sueños. En tu cama. En tu descanso. En tu día después. En tu día antes.
Para ti es la noche. Para mí es el insomnio.
Eres una escultura viva
cincelada con la sal del mar.
Cuerpo de olas.
Espuma de vida.
Velero soy de pronto naufragio.
Lo sé. No hay otra.
Entre redes sociales llenas de odio
asoma la mirada dulce de un poema.
Una brisa de oxígeno.
Una pausa de caramelo.
Una intención.
Y tú lo lees.
Me basta.
Esa historia de amor que se escribe ahora con viajes en metro, vacío de ti. Esa que nunca llega a sonar como las canciones traidoras que sí te asaltan en medio del paseo. Esa que son sonrisas en miradas bajo mascarillas de lamento de por qué no lo hice antes. Esa que es siempre sobre la cama dormida y nunca llega al sofá de la tarde. Esa que nunca guardó tu teléfono. Esa que tuviste a un poema por lograr y se quedó en proclama. Esa que de tan impaciente se imposibilita. Esa en paréntesis sin visos de cerrarse nunca un sábado. Esa con espacios eternos de noticias que la desfasan. Cada día que pasa nos aleja de tocarnos, siquiera conocernos, siquiera ser.