Sabes ese momento en el que, distraído, alzas la cabeza y ves frente a ti un autobús, que es ventana, que es asiento, que es ella mirando el móvil con sus auriculares, sonriendo y sin saber que es culpable del atasco que has formado.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Sabes ese momento en el que, distraído, alzas la cabeza y ves frente a ti un autobús, que es ventana, que es asiento, que es ella mirando el móvil con sus auriculares, sonriendo y sin saber que es culpable del atasco que has formado.
Eres el momento adecuado,
El beso que se dan otros.
Eres el olor a café
Viniendo por el pasillo.
Eres las calles después de la lluvia,
Gotas sobre los cristales.
Eres una postal desde lejos,
Que te acerca al instante.
Eres dedicatoria de un libro
Que vale más que todas sus letras.
Tan inoportunamente omnipresente
Porque a veces eres
enredadera en mi alma,
otrora flor de mis inviernos.
Cómo no regarte con poemas.
Se desliza
como una cascada
imparable, indómita,
la palabra.
Y golpea
con resolución
segura, firme,
la palabra.
Se cuela
como un ladrón
sigiloso, inesperado,
el silencio.
Y apuñala
con precisión
milimétrico, perfecto
el silencio.
Y entre ambos
palabra y silencio,
golpe y puñal,
tu beso
que salva y cura.
La antesala de encontrarte
es promesa frente a nadie,
grito al silencio,
Mirada ciega.
Es estar sin ser,
es el porvenir pornovenir
La antesala de encotrarte
sabe a agua
Huele a viento
y vacía el sentido.
Y aun así, te espero
La ilusión habita
en rincones que esperan,
quizá el momento adecuado.
La ilusión descansa
perezosa por resignación,
de tanto tiempo sin noticias.
Hasta que llega, valiente,
un gesto, un mimo, un susurro,
un beso, un tú
El amor no correspondido está infravalorado. Tiene ese añadido de acto de fe de tormenta otoñal