Tus ojos hablarán en mi silencio,
gritarán mi rescate,
salvarán mi angustia.
Ábrelos y resucito.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Tus ojos hablarán en mi silencio,
gritarán mi rescate,
salvarán mi angustia.
Ábrelos y resucito.
Que vienes con pasados de olor a arena
y futuras nieves por sentir.
Entretanto, la vida real de amarillas lágrimas.
Adorable estación para la poesía
La dulzura no es azúcar. Es el gesto invisible que mejora ese café de las mañanas cuando estás.
Fueron sus palabras:
sobre todas las cosas.
No sus gestos,
no sus modos ni maneras.
Fueron sus palabras:
sus versos en tinta
sus ojos en lápiz
sus manos en un papel
posado alevoso en mi pupitre.
Fue el adverbio lengua
y la saliva el verbo.
Fue el amor la poesía
fue lo escrito lo dicho
mejor mil veces que pronunciado.
Ahí,
En ese espacio donde se queda atrapada la felicidad. Donde no se toque, donde se resguarde del frío de las dudas y las consonantes sin rima.
Detente ahí.
Algunas veces, solamente algunas,
y solamente a veces
se ilumina imperceptible un espacio recóndito,
escondido espacio,
donde descansó un instante sin nombre
ilusión momentánea
Y la única forma, exclusiva manera
de reconocerlo
es la sombra que deja, degradada en gris,
cerca de aquel espacio recóndito
sorprendido espacio.
Y eso es lo más triste, degradando a negro:
cuando descubres
que se cansó de descansar, saciado ya
de esperar.
Y solamente quedó, resta únicamente
su sombra
nada momentánea, tirando a eterna