Ese momento.
Ese lugar.
Ese no estás.
Ese me voy.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
La dulzura no es azúcar. Es el gesto invisible que mejora ese café de las mañanas cuando estás.
Fueron sus palabras:
sobre todas las cosas.
No sus gestos,
no sus modos ni maneras.
Fueron sus palabras:
sus versos en tinta
sus ojos en lápiz
sus manos en un papel
posado alevoso en mi pupitre.
Fue el adverbio lengua
y la saliva el verbo.
Fue el amor la poesía
fue lo escrito lo dicho
mejor mil veces que pronunciado.
Ahí,
En ese espacio donde se queda atrapada la felicidad. Donde no se toque, donde se resguarde del frío de las dudas y las consonantes sin rima.
Detente ahí.
Algunas veces, solamente algunas,
y solamente a veces
se ilumina imperceptible un espacio recóndito,
escondido espacio,
donde descansó un instante sin nombre
ilusión momentánea
Y la única forma, exclusiva manera
de reconocerlo
es la sombra que deja, degradada en gris,
cerca de aquel espacio recóndito
sorprendido espacio.
Y eso es lo más triste, degradando a negro:
cuando descubres
que se cansó de descansar, saciado ya
de esperar.
Y solamente quedó, resta únicamente
su sombra
nada momentánea, tirando a eterna
El protagonista acaba de recibir la noticia de que en breves semanas será el único habitante de la tierra y que, con total seguridad, ésta se destruirá para siempre en pocas semanas más. Resuelto a quedarse, agradece a los seres de otros mundos sus invitaciones a marcharse con ellos. Pero no, al fin y al cabo es la tierra, es su tierra y su destino está unido a ella desde que nació. Ya viajó fuera del sol, ya se embarcó en aventuras. Es hora de volver a su hogar.
Unos días después, en la soledad que nunca había sido tan literal y junto a su viejo piano de cola, esboza una sonrisa. Sabe que va a morir, sabe que es el final, sabe que está solo. Pero sonríe porque acaba de darse cuenta de que es el mejor pianista del mundo.
A todos los que creéis que queréis a la persona que tenéis a vuestro lado, joder, dejad de creerlo y amarla, amarla como si fuera la última vez que la tenéis delante. Dejad de ser estúpidos y corred hacia donde esté, donde quiera que eso sea, qué más da. Pensad en las personas que jamás sabrán vuestro nombre y por las que sin embargo os dejáis la voz en los conciertos u os volvéis locos viendo su última película. Joder, dejadlo todo y buscad a la persona a la que queréis y decidle la verdad, porque es para el mejor trabajo de vuestra vida, porque nunca podréis gastaros lo que ganaréis con él, porque os permitirá beberos el deseo y la felicidad a tragos, sed coherentes por una vez y luchad para lo único que no es interesado y sin embargo es lo que más os interesa, dedicad todo el tiempo que tenéis y el que no tenéis en recordarle a la persona que queréis que cantaréis a gritos todas y cada una de sus palabras y que os gustaría ser el protagonista de la película de vuestra vida. Hacedlo, hacedlo ya, de una puta vez, por ella, por él, hacedlo por los que no podemos, por los que no pueden. Joder, porque el mundo está mal, muy mal repartido y habéis sido tocados por la diosa fortuna y, mierda, algunos ni siquiera lo sabéis.
Se miraron en la tienda de muebles, desde lejos. Creyeron reconocerse pero achinaron los ojos con intención de afinar el resultado. Tras varios incómodos segundos, donde uno tiene la sensación de que le considerarán un pervertido o mirón, esbozaron la sonrisa. Eran ellos, ellos mismos, sí, en quienes estaban pensando. Como si de un duelo del oeste, pero a la inversa, se tratara, se fueron acercando a pasos cortos pero firmes, dejando ver que el protocolo se cumplía a la perfección. Coincidieron en la parte de las camas. Justo delante de una enorme con desacertada decoración pero que se ofrecía indecente a sus pies. Dos besos que fueron olores, una caricia en el hombro que fue un abrazo y la imperiosa necesidad de besarse y lanzarse al deseo y al amor. Habían pasado cientos de años, vidas enteras, pero los dos sabían que si apagaran las luces se recorrerían el cuerpo y el alma sin necesidad de mapas ni indicaciones. Siguieron enamorándose de nuevo mientras sus bocas, por disimular, hablaban de tonterías que ni siquiera escuchaban. Tras hacer el amor de forma salvaje, con ansiedad de enfermos dependientes, con impulsos del que va a morir mañana, con el respeto y el cariño de la primera vez y con la furia y el dolor de la última, recuperaron sus cuerpos que seguían hablando en modo abstracto de los niños, del trabajo y de lo cara que está la vivienda. Con dos besos que fueron sudores, un abrazo que fue grito y un hasta pronto que fue un hasta siempre, se despidieron sin recordar por qué habían entrado en aquella tienda de muebles, ni por qué estaban en este mundo.
Porque
no es no hablar, es buscar tus palabras;
no es caminar solo, es andar hacia ti;
no es escuchar una canción, es cantártela sin que lo sepas
no es escribirte, es contarte una historia
no es una cama vacía, es una cama reservada;
no es rendirse, es ganarte;
no es comida para uno, es una prueba de menú;
no es detenerse, es esperarte;
no es aquí y ahora, es allí donde estás;
no es el silencio, es tu grito en todas partes;
no es, eres.