Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • Homenaje a C.Clarke

    El protagonista acaba de recibir la noticia de que en breves semanas será el único habitante de la tierra y que, con total seguridad, ésta se destruirá para siempre en pocas semanas más. Resuelto a quedarse, agradece a los seres de otros mundos sus invitaciones a marcharse con ellos. Pero no, al fin y al cabo es la tierra, es su tierra y su destino está unido a ella desde que nació. Ya viajó fuera del sol, ya se embarcó en aventuras. Es hora de volver a su hogar.

    Unos días después, en la soledad que nunca había sido tan literal y junto a su viejo piano de cola, esboza una sonrisa. Sabe que va a morir, sabe que es el final, sabe que está solo. Pero sonríe porque acaba de darse cuenta de que es el mejor pianista del mundo.

  • Lotería

    A todos los que creéis que queréis a la persona que tenéis a vuestro lado, joder, dejad de creerlo y amarla, amarla como si fuera la última vez que la tenéis delante. Dejad de ser estúpidos y corred hacia donde esté, donde quiera que eso sea, qué más da. Pensad en las personas que jamás sabrán vuestro nombre y por las que sin embargo os dejáis la voz en los conciertos u os volvéis locos viendo su última película. Joder, dejadlo todo y buscad a la persona a la que queréis y decidle la verdad, porque es para el mejor trabajo de vuestra vida, porque nunca podréis gastaros lo que ganaréis con él, porque os permitirá beberos el deseo y la felicidad a tragos, sed coherentes por una vez y luchad para lo único que no es interesado y sin embargo es lo que más os interesa, dedicad todo el tiempo que tenéis y el que no tenéis en recordarle a la persona que queréis que cantaréis a gritos todas y cada una de sus palabras y que os gustaría ser el protagonista de la película de vuestra vida. Hacedlo, hacedlo ya, de una puta vez, por ella, por él, hacedlo por los que no podemos, por los que no pueden. Joder, porque el mundo está mal, muy mal repartido y habéis sido tocados por la diosa fortuna y, mierda, algunos ni siquiera lo sabéis.

  • Se miraron en la tienda de muebles, desde lejos. Creyeron reconocerse pero achinaron los ojos con intención de afinar el resultado. Tras varios incómodos segundos, donde uno tiene la sensación de que le considerarán un pervertido o mirón, esbozaron la sonrisa. Eran ellos, ellos mismos, sí, en quienes estaban pensando. Como si de un duelo del oeste, pero a la inversa, se tratara, se fueron acercando a pasos cortos pero firmes, dejando ver que el protocolo se cumplía a la perfección. Coincidieron en la parte de las camas. Justo delante de una enorme con desacertada decoración pero que se ofrecía indecente a sus pies. Dos besos que fueron olores, una caricia en el hombro que fue un abrazo y la imperiosa necesidad de besarse y lanzarse al deseo y al amor. Habían pasado cientos de años, vidas enteras, pero los dos sabían que si apagaran las luces se recorrerían el cuerpo y el alma sin necesidad de mapas ni indicaciones. Siguieron enamorándose de nuevo mientras sus bocas, por disimular, hablaban de tonterías que ni siquiera escuchaban. Tras hacer el amor de forma salvaje, con ansiedad de enfermos dependientes, con impulsos del que va a morir mañana, con el respeto y el cariño de la primera vez y con la furia y el dolor de la última, recuperaron sus cuerpos que seguían hablando en modo abstracto de los niños, del trabajo y de lo cara que está la vivienda. Con dos besos que fueron sudores, un abrazo que fue grito y un hasta pronto que fue un hasta siempre, se despidieron sin recordar por qué habían entrado en aquella tienda de muebles, ni por qué estaban en este mundo.

  • Actitud

    Porque

    no es no hablar, es buscar tus palabras;
    no es caminar solo, es andar hacia ti;
    no es escuchar una canción, es cantártela sin que lo sepas
    no es escribirte, es contarte una historia
    no es una cama vacía, es una cama reservada;
    no es rendirse, es ganarte;
    no es comida para uno, es una prueba de menú;
    no es detenerse, es esperarte;
    no es aquí y ahora, es allí donde estás;
    no es el silencio, es tu grito en todas partes;
    no es, eres.

  • Suceso

    Le descubrieron cubierto de sueños sobre la cama. Sin señales de violencia. Nadie se explica cómo pudo ocurrir, parecía normal y nunca dio problemas en el barrio. Algunas personas que le conocían contaban que últimamente estaba como ausente, pero no le dieron importancia. Se busca a los cómplices del suceso, aunque por los cálculos realizados por la policía podrían andar ya muy lejos, quizá en otras sábanas que hace tiempo dejaron de ser inquietas.

  • La mujer del traje rojo en medio de una fiesta
    la declaración de un inmortal
    el absurdo de la felicidad
    las palabras de Harry antes de la medianoche
    que es posible aunque no lo crea
    las cartas escritas a mano
    las notas al pie de una cama
    los susurros sin membrete
    la espera bajo la lluvia
    un dia sin final
    las sorpresas
    que nadie quiera vivir para siempre
    el teatro del alma con una butaca reservada
    la locura

  • – ¿Te importa?

    Le dijo él mientras agachaba la cabeza para poder cobijarse bajo el paraguas con flores de ella.

    – ¿Y a ti?

    Le dijo ella mientras le ofrecía el mango del paraguas, con forma de pato, para que él lo elevara un poco y se hiciera responsable.

    – No.

    Contestó él mientras separaba el codo abriendo una puerta a que ella se agarrara.

    – Vamos

    Dijo ella agarrando su brazo y apretándose fuerte para no mojarse.

  • de profundis

    Algunas veces, solamente algunas,
    y solamente a veces
    se ilumina imperceptible un espacio recóndito,
    escondido espacio,
    donde descansó un instante sin nombre
    ilusión momentánea

    Y la única forma, exclusiva manera
    de reconocerlo
    es la sombra que deja, degradada en gris,
    cerca de aquel espacio recóndito
    sorprendido espacio.

    Y eso es lo más triste, degradando a negro:
    cuando descubres
    que se cansó de descansar, saciado ya
    de esperar.
    Y solamente quedó, resta únicamente
    su sombra
    nada momentánea, tirando a eterna

  • El sentimiento de culpa es insistente, es como la gota que cae constantemente desde el grifo que no cierra, como la alarma de la mañana que se repite cada cinco minutos aunque la detengas.

    El sentimiento de culpa puede aparecer por algo que has hecho. Entonces tiene ese sabor añadido de lo que ya no se puede impedir, tiene modos de trampolín del que has saltado y ya no cabe sino esperar el golpe del agua protegiendo tu cuerpo; tiene aspecto de final de partido, con sensaciones de lástima de cinco minutos.

    El sentimiento de culpa puede aparecer también por algo que no has hecho. En ese caso tiene sabor a ansiedad, a impotencia, a invalidez desesperada. Se viste de excusa, de razones, de motivos, todos tan vacíos que no llenan el traje del paso que no se dará.

    El sentimiento de culpa no se comparte, se contagia, es una enfermedad de transmisión sentimental que va de un cuerpo a otro en una extraña competición, donde el receptor asume la carga y la acepta como suya incrementándola con sus virus personales.

    El sentimiento de culpa es como la energía, no se crea ni se destruye, se va transformando en cada etapa de la vida, se hace carne en distintas personas, fluye entre actos, pero está.

    La verdad incómoda: los que nunca tienen el sentimiento de culpa, los que nunca lo sufren, esos que ni siquiera saben qué es, son, evidentemente, los culpables.

  • Hay un día en que te vas. Te vas de algún sitio, te vas de un trabajo, te vas de casa, te vas de aquella cita, te vas de aquel lugar, te vas de un padre, un matrimonio, una novia o un amigo. Hay un día en el que te marchas. Es ese momento. Hay un día en que lo dejas todo y no miras atrás, o en el que solo decides llevarte lo imprescindible, obligándote a realizar una selección costosamente importante. O peor: puede que el día en el que te vas sea después de muchos otros en los que siempre te estás yendo, abrasándote en un purgatorio que estalla el día más pensado. Y ese día te vas con las heridas que tardarán meses, años en curarse. Te vas dando un portazo o por la puerta de atrás. Te vas después de blasfemar o a la francesa. Pero te vas.

    Hay un día en que te vas. Sea como fuere y por lo que fuere todos los días en que te vas tienen dos cosas en común: le ofreces tu mejor espalda a alguien y das un enorme paso adelante.