Dulces días aquellos:
desprovistos,
desprevenidos,
despojados,
despreocupados;
desinteresados,
desconectados,
Dulces días aquellos
desnudos de todo.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Dulces días aquellos:
desprovistos,
desprevenidos,
despojados,
despreocupados;
desinteresados,
desconectados,
Dulces días aquellos
desnudos de todo.
Y allí, en el marginal de una hoja, casi pidiendo perdón por estar, unas letras casi borradas a lápiz que perdió su vigor.
Y sin embargo, más poderosas que nunca, letras que son ya espuma en el papel.
“No cambies”.
Y sobre ese mismo marginal una lágrima que acaba por borrarlas.
Leyendo poemas me sucede la noche.
Me acompaña el silencio
que escribe un verso
que nunca leerá nadie,
porque es un verso tímido
como todos los versos
que nunca escribo.
Miraron atrás y se reconocieron en el futuro que pensaron.
Miraron al futuro y se reconocieron cuando empezaron.
Las hojas caídas abrazan las gotas de lluvia.
Ahora las hojas tienen lágrimas.
Y ambos finales juntos tienen sentido.
Asoma el otoño de los mil versos,
ese que todo poeta intenta,
ese que huidizo se esconde
por si no le atrapa el invierno.
Asoma el otoño de siempre,
el nuevo, el que no quisimos
y el que deseamos versar.
Asoma el otoño y cambian las hojas,
cambian los cielos, las calles,
cambia el horario y el menú.
Asoma el otoño y sigues estando
estación eterna de cualquier año.