El tono de tu voz dice más que la previsión del tiempo. Tormenta, frío o verano. Si hay nubes en tus ojos o niebla en tu corazón.
Leer tu tiempo es escucharte.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
El tono de tu voz dice más que la previsión del tiempo. Tormenta, frío o verano. Si hay nubes en tus ojos o niebla en tu corazón.
Leer tu tiempo es escucharte.
Sucede que tras los pasos dados tiempo atrás queda siempre una huella, a veces llamada memoria.
Y ese rastro, siquiera te dabas cuenta que lo dejabas, es el que te recordará quien eres y te permitirá seguir siendo en los momentos de zozobra.
Camina, pues, dejando tu estela.
Versos peleando con la realidad. Lucha de gigantes por un puesto en el paraíso perdido.
Versos encerrados entre puntos. Batalla interminable por un espacio limitado.
Y la vida como siempre, expectante, sin participar, pasiva de intenciones.
Siempre gana. Si no, será la muerte.
Dulces días aquellos:
desprovistos,
desprevenidos,
despojados,
despreocupados;
desinteresados,
desconectados,
Dulces días aquellos
desnudos de todo.
Y allí, en el marginal de una hoja, casi pidiendo perdón por estar, unas letras casi borradas a lápiz que perdió su vigor.
Y sin embargo, más poderosas que nunca, letras que son ya espuma en el papel.
“No cambies”.
Y sobre ese mismo marginal una lágrima que acaba por borrarlas.
Leyendo poemas me sucede la noche.
Me acompaña el silencio
que escribe un verso
que nunca leerá nadie,
porque es un verso tímido
como todos los versos
que nunca escribo.
Miraron atrás y se reconocieron en el futuro que pensaron.
Miraron al futuro y se reconocieron cuando empezaron.
Las hojas caídas abrazan las gotas de lluvia.
Ahora las hojas tienen lágrimas.
Y ambos finales juntos tienen sentido.