Lo inesperado es la lágrima de una sorpresa.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
Y queda esa duda,
Dejando tu razón inerme,
Ausente de escenarios.
Y se te cansa el alma,
otrora acelerada,
pausada a media senda
sin saber si avanza,
retrocede, se detiene
o simplemente busca
un mañana con respuestas.
Respuestas o silencios,
que son lo mismo:
un grito hecho a destiempo
por ausencia de remitente.
La suerte te regala de vez en cuando una oportunidad.
El amor siempre las merece.
La vida es la suma de ellas.
Apareces y suena una canción
Reapareces, bailamos y la hacemos nuestra.
Desapareces y encienden las luces.
Y todo es serrín en el suelo y vasos apilados.
Una noche más doblaba turno. Anodino y triste era su trabajo, monótona e inane su vida.
Excepto los martes. Coincidía con ella en el autobús.
¿Sabes ese momento en que lo tienes todo clarísimo, medido, calculado y todo sale como has pensado?
Se llama aburrimiento
Yo no creo en los para qué. Ni en los por qué. Ni en el hacia dónde. Mucho menos en el a cambio de qué, y odio los por si acaso.
Yo creo en el con quién y ahora.
Y, de pronto, todo empieza a encajar.
Y justo después te das cuenta de que no ha sido de pronto. Que es el resultado de muchos, muchos momentos juntos.
Aquel tiempo de lluvias, desmemoriados lamentos, momentos de un pasado pasado, remotos quejidos que rompieron silencios.
Que aquel tiempo no vuelva. Reste en paz para siempre. Quizá olvide, quizá alerte, pero no te presentes en el presente.
Aquel tiempo del impar deslucido por vacío.
No quiero dormir bien. Quiero que me asaltes en un sueño interminable, finito solo con un despertar de besos, que son lo que tenían que haber sido antes de acostarme.