No sé si me quiere.
"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."
No trata de paseos a la luz de la luna o de hojas cayendo en el parque. No va de besos bajo la lluvia o de despedidas en la estación.
Va de vencer al lunes por la tarde, esperar en la cola del supermercado, ver el canal que no te gusta, esperar para cenar juntos o aceptar que otra vez cuesta llegar a fin de mes.
Va de hacer de la realidad la lluvia, la luna, las hojas y la estación.
No hay escenario suficiente
para representar
tu gesto único:
ese, tan tuyo, inimitable,
ese que siquiera sabes que haces
cuando miras sin mirar.
No hay telón
que finalice tu obra en dos actos:
párpado y sonrisa.
Dame motivos para cerrar los ojos
para no leerte el cuerpo
para no mirarte de reojo
para no inventarme un nosotros
para silenciar mi sueño
para descansar los latidos
Dame motivos
Que yo te daré a cambio
mi respiración
A golpe de ternura, nos inventas un sol de eclipses imposibles.
Y lo haces así, como si nada.
Para ti es la noche, es un simple irte a dormir. Para mí es el espacio cielo donde querría estar.
En tus sueños. En tu cama. En tu descanso. En tu día después. En tu día antes.
Para ti es la noche. Para mí es el insomnio.
Eres una escultura viva
cincelada con la sal del mar.
Cuerpo de olas.
Espuma de vida.
Velero soy de pronto naufragio.
Lo sé. No hay otra.
Entre redes sociales llenas de odio
asoma la mirada dulce de un poema.
Una brisa de oxígeno.
Una pausa de caramelo.
Una intención.
Y tú lo lees.
Me basta.