Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • Esa almohada ligeramente hundida,
    Esa taza de café a medio terminar,
    Ese libro abierto en tu lado de la cama,
    Esa película de los ochenta en VHS,
    Ese hubo fruta en la nevera,
    ese fondo de escritorio,
    mil tipos de champús,
    gomas para el pelo por toda la casa,
    Aquellos mensajes bajo imanes de nevera,
    Esos libros que nunca leíste,
    medicinas para males de otro sexo,
    Esas figuritas que no recuerdo qué te recordaban.
    Podría seguir.

    Pero el más silencioso de los fantasmas es el silencio mismo que has dejado.

  • Te rodean por doquier, en tus pasos, en tus sombras, en tus pensamientos que no compartes, en tus silencios que gritas. Están en los demás, en lo que no te cuentan, en las veces que no te miran, en los mensajes que no recibes. Están en la ventana entreabierta de la que asoma un nadie que te encantaría descubrir, en la puerta a la que no has llamado. Están en el poso del café que te has tomado leyendo un periódico en el que no crees, en los créditos de la serie o película que te dejó sin habla. Están en las huellas borradas por las lágrimas que no tuvieron hombro.

    Se sientan contigo en el ordenador que no arranca, en la ropa que hoy te hace más feo y más viejo, en eso que no debiste decir, en ese abrazo que no has dado, en echarte sal en vez de azúcar, en llegar tarde a la cita que no volverás a tener, en el folio en blanco roto a carcajadas de inseguridad, en por qué no te atreviste, en por qué habré hecho eso.

    Pero son necesarias, porque en esas nadas está gran parte de tu vida, esa que se irá contigo a la eternidad. Y por eso, porque son solo tuyas, porque las has soportado, hubo felicidad después de aquel que no fue tu día.

  • Porque me esperas en el folio,
    virgen aun de tristezas,
    de humanidades, de realidad.
    Me vives allí siempre, fiel.

    Porque te atrapo en mi papel,
    y tú, sublime, perfecta
    haces reino de mis letras,
    las posees y gobiernas.

    Porque me haces Rey Arturo
    de tu boca redonda,
    caballero de pluma arrancada
    de aquella piedra triste.

    Porque dime si no
    qué otra cosa podemos hacer.
    Que respirar ya lo hago
    y no me sirve de nada.

  • Enamorados

    Protegidos contra los sarcasmos del todo me da igual, contra las ironías del me molesta, contra los silencios del no va conmigo, se han regalado algo hoy.

    Llevaban varios días pensando si lo deberían hacer o no, porque es la primera que les toca. Qué mal si no lo hago y ella sí, que mal si él no me trae nada y yo sí, con sus respectivas combinaciones. La vergüenza a parecer ñoños o cursis se enfrentaba hoy a la ignominia y por supuesto el nunca olvido de yo te compré algo y tú no. Luego está la opción de que ninguno haga nada. Sonrientes y justificados con el estas cosas no son para nosotros, me alegro de que pienses como yo o el perfecto para la ocasión yo es que te quiero todos los días. Pero es como los reyes magos, eras más feliz cuando pensabas que existían.

    Sin embargo ellos se han regalado algo hoy.

    Y la felicidad que han sentido, ñoña hasta la saciedad y cursi hasta el dolor, les coloca en ese grupo de los que, a pesar de los sarcasmos, las ironías y los silencios, sienten que finalmente hoy ha sido un día diferente, en el que además de quererse todos los días, algunos como que parece que más.

  • Querido futuro:

    Querido futuro:

    Nunca nos vamos a conocer, lo sé, y lo sabes. Por eso nuestro amor es imposible, o peor aun: platónico, que es igualmente imposible pero de los que te hacen sufrir ataques de ansiedad. Tú me miras desde tu atalaya de saberlo todo, asomando de vez en cuando algún detalle que me regalas en forma de motivo. Pero nunca me conocerás porque cuando yo llegue tu te habrás ido, como el horizonte, como las cartas con direcciones equivocadas, como las palabras que no decimos. Y eso en el fondo tampoco te gusta, porque al final estás igual de solo que yo, que te miro desde mi tierra del presente, mis apegos y mis cadenas, por muy de seda que sean.

    Qué mal ¿verdad? Estoy seguro de que nos caeríamos bien, no sé, siempre intento imaginarte feliz, completo, inquietamente deseoso, lleno de promesas cumplidas y esperanzas que son regalos. Y yo creo que te gustaría, sí, no me pongas esa cara, porque al final dependes de mí para existir, del tiempo que pasa entre lo que imagino y lo que sucede finalmente. Cuanto más tarde en suceder más existes, qué contradicción ¿no? Si te paras a pensarlo no sé quién necesita más al otro. Es así. No podemos existir por separado, como las manos que se abrazan o los labios que se besan. Yo sin ti soy un proceso, una sucesión en cadena sin curvas ni sorpresas, un ayer que a veces es hoy, un para qué hacer nada, un dormir sin soñar. Y tú sin mí no eres más que una idea sin nadie que le sueñe, que le espere, que luche por él, un viaje sin Penélope.

    Así que, querido futuro, vamos a llevarnos bien. En serio, porque cuanto más creamos el uno en el otro, aunque nunca nos encontremos ni nos vayamos a tocar, más hermosa será la vida que no hemos vivido todavía, esa en la que sucede todo lo hermoso y en la que los amores dejan de ser imposibles.

    Hasta nunca, siempre tuyo.

  • Prométeme

    Que seguirás las pautas de tu corazón, que dejarás a un lado todo lo que me dijiste al llorar, limpia por cada lágrima llena de razón pero vacía ya de sentido. Que recuperarás ese momento en el que te querías, nunca como lo hacemos todos los que lo disfrutamos haciéndolo. Que tendrás ese momento del día en el que, en la soledad de la ventana, no mirarás hacia abajo, sino al cielo que te promete un futuro. Que volverás a crearte la lista de baladas ñoñas que borraste por los malos recuerdos. Que verás estrellas entre las luces de las farolas, mares en calma entre los charcos del asfalto triste, oasis de palmeras entre los desiertos de tus tardes de domingo. Que por un momento me escucharás como lo hacías antes, mirándome a los ojos, sinceros, admirados. Que no volverás a tapar tu pelo con ese gorro que te pones para que nadie te vea. Que cerrarás el paraguas gris sin corazones para dejar que la lluvia te bese las mejillas. Que tendrás un instante de felicidad cuando escuches tu móvil vibrando por un plan de sonrisas y paseos entre hojas de libros por escribir. Que creerás en ti por encima de todas las cosas, que no tomarás tu nombre en vano, ese nombre al que siempre regreso cuando necesito respirar.

    Prométeme que volverás de ese lugar al que no perteneces, porque solo tú te perteneces y todos deseamos que vuelvas a regalarte, haciendo que este lugar en el que te esperamos vuelva a ver amanecer.

  • Agradecimiento

    De poder decirte cualquier palabra sincera, de saberte ahí tan cercanamente a tu manera, de responder sin esperar a cambio, de dejarme atisbarte, aunque sea desde la mirilla de una intuición que no se suele equivocar.
    De pensar que estás en un mundo en el que he tenido la suerte de estar, en un momento milagrosamente compartido. De escuchar mi silencio inteligentemente necesario, de rodear mis problemas con tu sonrisa inabarcable, de saber no estar estando, de saber estar no estando.
    De ofrecerme motivos, de intuirme un yo que no conozco, de hacerme posible, materia y forma. De provocar a mi folio en blanco, de no importarte lo que no importa, de no preocuparte por lo que no debería preocuparme.
    De tu paz, de tu guerra, de tu tregua.
    Y de tu encantadora manera de ser cuando dices que estás insoportable.

  • Celoso

    Del azúcar de tu café,
    de la goma que abraza tu coleta,
    del teclado de tu ordenador,
    de la pantalla que te mira sin tener que disimular,
    del colgante que besa tu cuello sin permiso,
    del espacio que dejas entre los pies al caminar,
    de tus sueños desconocidos para mí,
    de la luz que te roza el rostro,
    del todo que abarcas,
    de la nada que completas y desbordas,

    de la sonrisa que me he perdido,
    de la canción que no es nuestra,
    del secreto que no me has contado esta tarde,
    de mi yo a tu lado que no soy,
    del nombre por el que no me llamas.

  • Estarás

    La felicidad no está en los números. No está en las letras. Está en los espacios que dejan las cuentas y los cuentos. Y tú estarás allí.

  • Personas…

    Personas que colocan el cartel de prohibido pisar el césped. Personas que juegan a la pelota en él. Personas que lo siembran para todos