Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • Quiero que la felicidad te conozca, te abrace y envuelva hasta casi asfixiarte, que te posea, te domine, quiero que seas suya sin límites, entregada, toda tú. Quiero que los besos se conviertan en pesados compañeros que no entiendes cómo están siempre ahí. Pegados, adosados a tus lugares preferidos, adheridos también a lugares que desconocías. Quiero que conozcas los abrazos, los de verdad, fuertes, protectores, dulces, mimosos. Segunda piel, segundo abrigo.

    Quiero que dejes de ser lo que eres sin ellos, quiero presentártelos, un día, de forma educada. Quiero que formen parte de tu vida, tanto que acaben por ser tu vida misma. Tanto que ya no reconozcamos quién es quien. Besos, abrazos, felicidad, tú.

    Luego ya si quieres, después, me lo agradeces y los compartes conmigo.

  • Tengo que salir de • aquí.
    Así empieza.
    Bueno en realidad antes, la verdad es que empieza cuando te descubres {dentro} de algo.
    Si no, de dónde ibas tú a querer salir.
    Alma de cántaro.
    Lo descubres. Que estás {dentro}.
    <Encerrado>
    Y sí. Se puede estar <encerrado> con las puertas y ventanas abiertas. ] [
    Deja de decir tonterías. Se puede.
    Las + más de las veces es así.
    Inocente.
    Tengo que salir de • aquí.
    Aquí con |puertas| y [ventanas].
    Pero <encerrado>.
    Agobiado por los ~cortos límites~ que el <encierro> te permite.
    Haces senderismo siempre de rutas de -corto- recorrido.
    El problema es el tiempo’
    Dejar en sus manos la huída.
    Iluso.
    Si lo haces, tu • aquí será = tu ahora que será = tu siempre.

  • Dicen que puedes elegir la vida que llevas. Yo creo que no.

    Por partes.

    Está la vida que pasa. La vida que pasa es la que vas dejando sin más.  Es la vida de las cosas que haces sin pensar, vestida de actos automatizados. La que crees manejar aunque muchas veces lo que haces sencillamente es vivirla. Es la vida de correr por las mañanas al trabajo, es la vida de conducir sin pensar ya en cómo se hace, la del tengo que llamarla, la de ahora toca comer y ahora volver corriendo de nuevo a casa a cerrar el ciclo del día. En esta vida ni te aconsejan, ni aconsejas, ni decides. Pasa.

    Está la vida que viene. La vida que viene es la que desconoces, la que no puedes prever, para bien o para mal es la vida del estás despedido, es la vida de me estoy enamorando, la del no eres tú soy yo. Es la vida en la que aparece otro coche en un cruce saltándose el semáforo. La vida que viene no es automática ni propuesta, no depende de elecciones. Ni si quiera sabes cuándo ni cómo: viene

    Y luego está la vida que sucede. La vida que sucede es la que se llena de acontecimientos. Sucesos. Es la vida de hoy me levanto más tarde, es la vida de ¿cariño, cenamos fuera hoy?, la del hoy sí que sí. Es la vida en la que apagas el automático y decides ponerte al volante y conducir a tu manera. Es la vida del hoy les digo que me marcho, la del hagamos una locura. Esta vida sí la eliges, orgulloso y decidido. E intentas rodearte de seres maravillosos que te obliguen a elegir. Sucede.

    Y está la vida que llevas. La vida que llevas es el resultado de restar a la vida que sucede la que pasa y la que viene. Haz la operación. Piénsalo. ¿Cuánto te ha quedado? Angustia un poco ¿verdad?

    Dicen que puedes elegir la vida que llevas. Yo creo que no. Creo que lo que puedes elegir es las veces que vas a ser valiente y decidir y el número de seres maravillosos que pueden ayudarte a hacerlo.

  • Deslizas las hojas con los pies, ha llegado tu otoño, y te lleva. Te lleva a cualquier lugar pasado en el que ya no estás, ese es el peaje, esa es la condición. Siempre es un lugar en el que no estás. Porque esas hojas representan lo que sucedió, ahora caído en un suelo en el que son olvidadas menos para quien las encuentra, como tú, entre sus pies.

    No te gusta dar patadas al pasado, no es bueno en realidad. Por eso las volteas sin decisión y remueves haciendo círculos. Recelas de pisotearlas, no sé, es como que los recuerdos deben seguir vivos de alguna manera, como para protegerte de otra caída a un asfalto frío y desagradecido. Pero tampoco te gusta volver a ver cómo, de nuevo, el ciclo de la vida retorna para visitarte: sí, somos las que veías cubriendo un sol hace tan solo unos meses. Ahora ya no.

    Algunas hojas además se empeñan en pegarse a tus suelas, incómodo intentas quitártelas con el otro pie, porque no quieres agacharte, no quieres acercarte demasiado. Acercarte demasiado al pasado  puede cansar, y en algunos casos doler. Que ya no eres un chaval. Así que te acompañan, un tiempo, no demasiado, depende de lo fuerte que se aferren, de lo intenso de su recuerdo.

    Acaban cayendo, siempre caen, pero es muy atroz cuando caen dentro de tu casa, porque es entonces cuando no te queda más remedio que afrontarlo y agarrar la escoba. No es agradable mezclar tus recuerdos con los despojos de tu día a día.

  • Demostrativos

    Este placer satisfecho,
    esta sonrisa despreocupada,
    este edredón anudado,
    esta sábana que no tapa. 

    Ese olor a después de,
    esa sombra luminosa,
    ese frío por la espalda,
    esa constante en el aire. 

    Aquellos que fuimos,
    aquellas palabras,
    aquellos labios interpretándose,
    Aquellas locuras imparables. 

  • Entras en ese bar con cara de nunca. De nunca volveré a amar a una mujer, de nunca me dejaré pisotear de nuevo en el trabajo, de nunca más me emborracharé, con esa especial cara de nunca más me voy a dejar engañar, nunca volveré a engañar. 
    Entras altivo, resuelto, con fuerzas de viernes. Con cara de que nunca dejaré de lado al amigo de siempre, de nunca pondré el dinero por encima de las cosas importantes, de nunca jamás me traicionaré de nuevo. La cara de nunca me pondré méritos que no me corresponden, de nunca abandonaré a mitad de camino mis propósitos valientes. 

    Entras en ese bar de siempre con tu cara de nunca. 

    Los mismos carteles, los mismos grifos de cerveza, los mismos vasos colgando de la parte superior de la barra, ajada ya por historias que nunca se cuentan. Hueles ese aire que mezcla la espuma de la cerveza con el vino de dudosa procedencia. Servilletas arrugadas alfombran el suelo, testigos de otros que ya pasaron por allí. Baldosas pegajosas con figuras de suelas ennegrecidas, huellas de pegamento. 

    Es el aire de siempre, de siempre hay alguien que está por encima de ti, de los hombres somos así, de es el sistema en el que vivimos. El aire de siempre tienes que renunciar a algo, de siempre las cosas no son como uno quiere, de  es lo que hay. Es el aire de alguien tiene que hacerlo, de yo no puedo cambiarlo, el aire de si nadie se entera no pasa nada. 

    Entras en el bar de siempre con tu cara de nunca y fuerzas de viernes. 

    Te preguntas con un vino de dudosa procedencia quién saldrá por la puerta esta vez y si será domingo cuando lo hagas. 

  • Porque me esperas en el folio,
    virgen aun de tristezas,
    de humanidades, de realidad.
    Me vives allí siempre, fiel.

    Porque te atrapo en mi papel,
    y tú, sublime, perfecta
    haces reino de mis letras,
    las posees y gobiernas.

    Porque me haces Rey Arturo
    de tu boca redonda,
    caballero de pluma arrancada
    de aquella piedra triste.

    Porque dime si no
    qué otra cosa podemos hacer.
    Que respirar ya lo hago
    y no me sirve de nada.

  • sin más

    Era una lluvia que no dolía,
    Que estaba ahí, sin más,
    Mirando despedidas y reinicios
    Fiel a citas a las que no es invitada.

  • Non stop

    Mirarte y ya.
    Sonreírte y ya.
    Acercarte y ya.
    Besarte y sigue.

  • quijotesco

    Abrázame la noche
    que en el día sobrevivo,
    mantenme los ojos
    que el olor ya no lo olvido,
    Sostén mi corazón
    que la razón ya la he perdido.