Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • Hoy rindo elogios y homenajes al que espera. Mejor: al que nos espera.

    Porque gracias a ti que esperas, los demás podemos equivocarnos varias veces mientras tú, paciente, aguardas la vez en la que sale bien. Y dejas que aprendamos de todas las que nos caemos. Y no nos dices que lo dejemos o que abandonemos. Nunca nos has dicho que no era lo nuestro. Sin gritos, sin negarnos, sin desesperación, jamás, sin prepotencias. Simplemente … nos has esperado.

    Te rindo homenaje porque tu espera es tu fe en nosotros, impacientes corredores de una carrera que nadie nos ha pedido hacer. Tu espera es la religión sincera del que sabe que nos sucederemos a nosotros mismos.

    Te brindo mi elogio porque sabes dejar que caiga la hoja del árbol y la permites reposar, para que sea alimento de una tierra que las espera cada año. Mientras nosotros intentamos cogerlas al vuelo por el miedo a la pérdida. Ya ves.

    Hoy te dedico mi loa porque te hemos gritado como destino, te hemos odiado como mala suerte, te hemos negado como deidad, te hemos olvidado como amigo y te hemos abandonado como amante, mientras tú esperas, nos esperas, con la sonrisa del que sabe que bajo las hojas deshechas en la tierra está el camino a nuestra felicidad.

     

     

  • Todas esas veces que te equivocaste, que no dijiste lo que tenías que decir, o aun más complicado, lo que quería oír de tus labios aunque fuera mentira. Todas esas cosas que no hiciste, unas veces por el poco tiempo que te dejaba la parte de la vida que menos importa, otras por el terrible pecado de imaginar que no pasaba nada, y otras por la dolorosa maldición del amor: la pereza de una rutina que consume los sueños.

    Todos los momentos en los que pudiste pero no quisiste ser el rey del mundo haciendo que ella fuera la reina, con esos detalles que sabes tener si te lo propones,  pero no hubo propósito, con esa frase oportuna que convierte un momento en un instante, con esa tontería, que se hubiera sumado a otras en el cofre donde guardabais las que solamente vosotros entendíais y os hacían únicos e inmortales.

    Todas esas veces que tenías más fe que ella pero no se lo hiciste ver mientras dejaba caer sus ganas de seguir, todos esos silencios que evitaste en los que hubieras escuchado sus lamentos y sus risas.

    Todos esos arrepentimientos ocultos bajo la alfombra del orgullo absurdo.

    Todas esas malas hierbas que crecieron en el jardín que nunca pudo ser.

    Es hora de desbrozar, aunque sea para otros.

  • Elogio del indeciso

    Te han enseñado desde pequeño que hay que tener las ideas claras, ser firme en tus convicciones. Te rodean mensajes sobre la bondad del que sabe tomar decisiones, eso te hace más, te hace mejor, te hace triunfar. Y si no te aclaras y para que decidas bien, tenemos asesores, consejeros, guías, ayudantes, asistentes, consultores, supervisores, orientadores, o aun más cool: coaches… ¿sigues dudando? Tenemos comparadores de precios, de seguros, de viajes, de hoteles, de tallas. Tenemos de todo para decidirte. Tenemos aplicaciones para que puedas ver cómo queda tu cocina, tu pared, tu coche, tus zapatillas de deporte, tu camiseta, tu jardín, por tener tenemos hasta relaciones a la carta, configura tus deseos y dale a buscar.

    Pues decididamente dejo aquí mi elogio y admiración a los indecisos, a los no sé, a los no lo tengo claro, que sobrevuelan constantes sobre versiones diferentes de sí mismos. A todos los que se hacen y se deshacen cada día porque despiertan uno y duermen otro, a los que la firmeza de sus convicciones se termina con un vino a media tarde con amigos, a los que sus principios se derrumban cuando se les besa, se les llora, se les sorprende y se les abraza, a los que aplazan la toma de decisión para después de un después de un viaje a la playa.

    Seguramente no seáis triunfadores de lo firme, ni encabezaréis los rankings de claridad. Seguramente os equivoquéis con el seguro, la cocina, el coche, el hotel, la talla de la camiseta y, vive dios, vuestra pareja. Ya os lo digo: vais de culo en los comparadores de personas.

    Pero vuestra indecisión os hará vivir muchas vidas, tantas como ensayos tienen vuestras dudas. Y eso, he aquí lo admirable, puede ser enormemente enriquecedor.

    Estad completamente seguros de ello.

  • Hago homenaje hoy a todos aquellos que a pesar de todo, siguen creyendo. En días donde se reclama la atención sobre las sonrisas, los chocolates y los lazos rojos, rompo mi lanza por todos los que saben lo que significan las penas, las cajas vacías y los lazos rotos, pero que no renuncian a ello, o lo que es peor, se han resignado al ateismo negro de la desesperanza.

    A todos los que saben lo que es poner el repeat sobre una canción maltida, o bendita, en el coche, en el trabajo, viajando con ella a los momentos donde fue de alguien, y que con el paso de los sucesos se convertirá en prohibida durante el tiempo en que cierra la herida.

    A todos lo que saben lo que es el silencio. Ese del que solo escucha su respiración otrora entrecortada y compartida, a veces con la pasión del desvarío y hoy sencillamente la rutina del seguir recibiendo oxígeno.

    A todos los que entran en el coche y ya no huele al otro, sino a monotonía y otrodiamas, igualmente a todos los que compraron ese ambientador porque no podrían conducir sin dejar caer la lágrima del ya nada es como antes.

    A todos los que se obligaron a borrar el teléfono por la tentación suprema, que es mucho más fuerte que la voluntad, de volver a llamar, de volver a enviar un mensaje que con arrepentimiento o sin el, es más sincero que la pose del estoy bien, no te preocupes.

    A todos los que se alegran desde su soledad no elegida de la felicidad del que ya no es, deseándole lo mejor, deseándole, como dice la canción, por encima de todo amor, pensando que si no es mío al menos que sea de alguien porque lo mereces y no supe dártelo.

    A todos los que saben de lo que escribo, y siguen creyendo, siguen esperando a dejarse atrapar  por canciones nuevas, nuevos olores, nuevos mensajes, nuevos deseos y, en definitiva, vidas nuevas.

    A todos los que se atreven,

    Mi más sincera felicitación en el día de hoy.

     

  • Fuimos hojas

    Se terminó el otoño, ese de las melancolías, ese de los parques ocres y mojados. Se terminó el otoño y fuimos hojas.

    Esas hojas últimas que se aferran a su rama, como quien teme la caída a lo desconocido, como quien abraza la seguridad del árbol que les vio crecer. Esas hojas que fueron anuncio de primaveras de amor y veranos de pasión.

    Se terminó el otoño y fuimos las dos últimas hojas en caer, como quien resiste hasta el final y desea ser protagonista, como quien busca llamar la atención, como quien sale el último de una fiesta y no quiere hacerlo solo.

    Se terminó el otoño y nos miramos, y decidimos caer, como quien se abandona a su suerte, como quien prefiere intentarlo, como quien baila un tango dejándose llevar por el otro.

    Se terminó el otoño y somos hojas cayendo. Como quien desea caer junto al otro para pasar el frío invierno arropados bajo la nieve.

  • Prefiero que estés ahí,
    en el futuro, en el porvenir.
    Quiero pensar que te encuentras
    donde vive lo que no ha sucedido aun.

    Porque si estás allí,
    en el pasado, en lo ocurrido,
    no merece la pena ya buscarte,
    ni el presente,
    ni escribir este poema

  •  

    Para vivir un año es necesario

    morirse muchas veces mucho.

    Ángel González.

    Dicen que tenía en una caja todo aquello que apreciaba rozando la locura, todo su conocimiento, todas sus vivencias. Dicen que la guardaba, cuidadosamente, para que nadie la encontrara, por ser su mayor tesoro.

    Siempre andaba hablando de aquella caja y todo lo que ocultaba, lo que había dentro, lo que iba acumulando con los años.

    Con el paso del tiempo, todo el mundo quería conocer su interior, curiosos, inquietos. Todos pensaban que si la tuvieran podrían tener todas esas vivencias, todo ese conocimiento. Pero jamás les dejó acercarse.

    Cuando murió corrieron a abrirla, ansiosos por sentir en persona y poder tocar todas esas cosas que siempre habían escuchado de su boca. Por fin.

    Se encontraron un papel en el que había escrita una palabra: vosotros.

  • Uno sin despertador,
    sin frío ni lluvia,
    sin lágrimas ni penas,
    sin dolor ni enfados,

    sin preguntas ni dudas,
    sin olvidos ni pasados,
    sin horas ni horarios,
    sin repeticiones ni vueltas,

    sin expectativas ni agendas
    sin esperas ni desesperanzas,
    sin prórrogas ni finales,
    sin nunca ni adios.

    Y tú, a cambio, lo pasas conmigo.

  • No quiero que seas perfecta, siempre sonriente, siempre elegante, siempre feliz. No quiero que seas la que siempre está encantada de la luz del día o de la noche. No te quiero regresando a casa cantando todos los días de nuestra vida, ni quiero que nunca te quejes de lo que te ha pasado en el trabajo. No quiero que todos los libros te gusten, ni quiero que siempre salgas del cine con cara embelesada y ñoña. No me gustaría que todos mis amigos te cayeran bien, ni que mis historias te parezcan siempre divertidas. No quiero que estés deseando ser la madre de nuestra familia feliz. No deseo que siempre quieras hacerlo, a cada momento, en cada instante. No quiero gustarte solo yo, ni ser el único en quien te fijas.

    No quiero que seas lo que las películas dicen que tienes que ser, porque así no existes, y si realmente existes, serías todo lo que yo no soy, y lo nuestro no duraría por lo obvio.

    Por eso quiero que protagonices una historia completamente imperfecta conmigo, con días horribles en el trabajo donde solo quieres ver programas inanes en la televisión, quiero que dejes un libro a la mitad porque es absurdo, o porque nadie dijo que te gustara la poesía, quiero que hagamos pactos para ir cada vez a la película que elige el otro, quiero que reconozcas que ese amigo no te cae del todo bien, o incluso mal, pero aceptas que por una razón inexplicable necesite salir con él de vez en cuando, quiero que me escuches deseando que termine la historia aburrida sacrificando el gesto para no bostezar, quiero que algún día me reconozcas que prefieres dormir, o sencillamente un abrazo, y que se te vayan los ojos cuando pasa a nuestro lado un hombre espectacular, aunque luego me aprietes la mano para disimular.

    Quiero que seas lo que las películas no nos dijeron, porque así serás real, porque así habrá alguna posibilidad de que lleguemos a ser.

  • Me falta esa hora

    Me falta una hora.

    Es la hora en la que apareces bajo la lluvia con un paraguas amarillo y terminamos en un café dándonos un beso interminable. Me falta la hora en la que espero nervioso en algún portal a que te decidas a aparecer, después de probarte todos los vestidos con los que piensas que caeré rendido en nuestra primera cita. Me falta esa hora en la que tomamos un vino después de confirmar que hemos cambiado el mundo y lo hemos dejado mejor. Dónde va a parar. La hora en la que te leo hasta que duermes pensando en que no me estoy dando cuenta ni veo cómo caen tus párpados perfectos. Es la hora en la que regresas de un viaje de trabajo y solo tienes tiempo para tirar tu maleta al suelo y demostrarme que tampoco soportas la distancia absurda que nos imponen.

    Me falta esa hora en la que estamos buscando aparcamiento para cenar con los amigos, haciendo apuestas por la noticia que uno de ellos dice que nos tiene que contar. Me falta esa hora en la que nos decidimos a viajar a aquel lugar que será siempre nuestro y de nadie más. Me falta esa hora en la que me pongo una y otra vez nuestra canción en el móvil para tenerte a mi lado entre la cotidianidad de nuestras rutinas. Me falta esa hora en la que no dejamos de enviarnos mensajes de por fin estaremos juntos para siempre. Me falta esa hora en la que tenemos la suerte de marcharnos de este mundo a la vez, porque no podría ser de otra manera.

    Me falta solo una hora. Y me sobran todas las demás.