Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • una vela que no se apagaba,
    una pared sin esquinas,
    un suelo sin tejado,
    un tejado sin suelo,
    un recuerdo sin marco,
    una cama sin final,
    una nevera sin congelador,
    una cortina transparente,
    libros sujetando estanterías,
    alfombras haciendo la fotosíntesis
    y un espejo mentiroso…

    y vio que era bueno,

    y se mudó.

  • Hay que luchar para entrar,
    hay que esforzarse y sacrificarse para estar delante,
    hay que disfrutar cada minuto porque sabes que no durará mucho,
    siempre estas ansioso por saber qué sonara ahora y cuándo llegara ese tema que te hace llorar de emoción.
    hay bises, que se presentan como golpes de oxígeno
    que te hacen sentir que te han regalado una más,
    pero, si bien son los mejores, huelen a final y a apoteosis.
    hay palcos donde todo se ve mejor,
    pero nadie se atreve a saltar ni a gritar, y se disfruta mucho menos.
    hay reventas, que prostituyen su existencia a cambio de cualquier estupidez,
    como el dinero, renunciando a entrar en ella.
    hay teloneros, esforzándose por agradar a quienes le rodean
    para que algún día les den la oportunidad de demostrar
    que puede que sean ellos por quienes lo dejes todo la próxima vez. hay descargas ilegales, que te permiten verlo en tu casa meses después,
    cómodo en tu sillón pero descafeinado y solo.
    hay recuerdos y camisetas,
    que llevas siempre encima para no olvidarte de sus momentos.
    hay siempre alguien con quien ir,
    porque le gusta lo mismo que a ti.
    hay momentos de gritos y euforia,
    y canciones que no te gustan
    y momentos de mecheros encendidos.
    hay alguien que a veces se pone delante,
    y no te deja ver hasta que te mueves,

    Y hay alguien que carga en hombros a otro
    para que lo disfrute mejor que nadie.

  • Boutade II

    Sea.
    O no sea.
    No hay cuestión, hay párpados
    cayendo
    y hay miradas ocultas, donde aquella noche te dijeron adiós.
    Donde mañana por la mañana solicitarás un pasaporte
    caducado de ansiedades, sellado por desencantos, donde

    cayendo de nuevo
    encontrarás otra mirada como la tuya. Entonces
    Será el amor.

    Será un amor sin registros,
    sin recibos de rutinas,
    sin pasado,
    sin presente,
    sin ellos,
    sin ellas,
    sin por qué
    sin para qué
    sin cómo-ni-cuándo,
    sin esperas,
    sin prisas,
    sin pausas,
    sin goteras,
    sin paraguas,
    sin capota,
    sin frenos.

    Será el amor.

  • Algunas veces

    Nadie sabe por qué,
    aunque presumamos que sí,
    los diez dedos de la mano señalan
    al mismo lugar,
    un lugar por otro lado obvio,
    común, gastado, manido,
    castigado al fin
    de tanto usarse.

    Otras son los dedos de los pies,
    y sumamos veinte,
    los que apuntan precisos,
    como recuperando su valor
    dado que los consideramos inútiles.

    Puede incluso que los dientes,
    ya pasamos de cincuenta,
    envidiosos de tanta atención
    aporten su esfuerzo.
    (Señalar con los dientes
    no es fácil)

    A veces el corazón
    va y se apunta,
    sumando uno más,
    y entonces es la revolución:
    todos a la vez, insistiendo,
    repitiendo una y otra vez
    mira, mira, mira, ¿no lo ves?

    Pero uno que a veces es tonto
    (muchas)
    no se da cuenta,
    y solo ve
    un lugar por otro lado obvio,
    común, gastado, manido,
    castigado al fin
    de tanto usarse.

    Otras, sin embargo,
    (pocas, poquísimas)
    lo miro y descubro
    que es el lugar más hermoso
    donde jamás haya estado.

  • le deseas

    Le deseas lo mejor del mundo, aunque no lo tendrás
    Le deseas suerte, aunque no te acompañará,
    Le deseas felicidad, aunque no la disfrutarás,
    Le deseas libertad, aunque no puedas darla,
    Le deseas paz, aunque no sabrás que ha llegado,
    Le deseas sonrisas, aunque no podrás verla,
    Le deseas todo, aunque no tengas nada.

    Nadie dijo que fuera fácil, ni siquiera posible.

    Pero es verdad

  • Están las personas que miran constantemente el reloj, para ver si han pasado las horas prescriptivas para que no se les corte la digestión de la cotidianidad

    Están las que meten un pie en el agua antes de zambullirse para comprobar que el cambio de temperatura no alterará su estabilidad emocional

    Están las que se tapan la nariz cuando saltan de pie, para que no les entre el agua de lo desconocido en su cabeza amueblada.

    Están las que miran varias veces por si caen encima de alguien quizá de un pasado absurdo o de un presente incómodo.

    Están las que suben al trampolín, lanzándose cada vez de un piso más alto, porque les asusta saltarse etapas preestablecidas por tradiciones ancestrales.

    Están las que suben directamente al lugar más alto, porque creen que si se salta, hay que hacerlo desde donde se vive la experiencia en su plenitud.

    Y están las que saltan sin siquiera mirar si hay agua o no en la piscina, porque saben, porque lo saben bien, que el mejor instante está justo en el vacío que se produce cuando los pies no tocan ningún suelo conocido

  • ¿Sabes?:

    Entenderé que los adoquines no lleven mi nombre, que toques el suelo cada vez que caminas. Entenderé también que cada gesto de mi rostro no te construya un puzle perfecto, comprenderé que siquiera te persigan esos gestos, en cada momento, para aparecer como asaltantes de rutinas. Entenderé, mi amor, que cuando yo no esté puedas respirar con normalidad, sin notar que mi frente es tu capa de ozono. Seré comprensivo siempre que me llames y no te devuelva la llamada y no sientas en ese momento que el mundo se detiene, que ya no tiene sentido; comprenderé el hecho de que los días sigan teniendo un calendario que corresponde al de los demás y no se resuman entre los días que me ves y los que no me ves.

    Entenderé todos los días que salgas de mi cama sin volver a los cinco minutos porque es el lugar donde quieres pasar el resto de tu vida, como también entenderé que no forme parte de las conversaciones, de todas ellas, ya sean de trabajo, de fútbol o de amistad, porque cualquier excusa hubiera sido buena para nombrarme. No me enfadaré cuando se te olvide mi cumpleaños o el día en que nos vimos, o el día en que te agarré la mano, entenderé que no recuerdes cada una de las prendas que llevaba puestas en nuestra primera cita.

    Seré comprensivo, amor, cuando me digas que borraste los mensajes de tu móvil porque tenías el buzón lleno y no te entraban más, o cuando me cuentes que hoy estás cansada para venir a verme, que mejor otro día, sin que pase por tu cabeza la idea de que un día que no pases conmigo es un día que no has vivido. Entenderé que no sufras con el atisbo de que el mundo se va a terminar mañana y no me dijiste aquello que siempre me quisiste decir. Comprenderé que las estrellas sigan siendo luces en el cielo, la luna un satélite con fases que retornan y el sol eso que sale por las mañanas. Como también entenderé que el sistema planetario, el cosmos, siga siendo un misterio nunca incomparable con las veces que te mire o deje caer mis párpados.

    Seré comprensivo todos los días de mi vida contigo, amor, cuando no hagas ninguna de estas cosas, ni ninguna de los millares que no te cuento por no alargar esta carta hasta el infinito, por una razón muy sencilla… Lo entenderé porque me doy cuenta de que resulta imposible querer a nadie como lo hago yo contigo, tanto y tantas veces que no hay medida en la matemática que lo recoja. Es inviable resumir las veces que te lo diría sin decírtelo y que te lo digo sin que lo sepas. Lo comprenderé porque firmo un duelo con cualquier hombre del mundo a que no me alcanza en pasiones, deseos, pesares y desalientos.

    Pero no te confundas, amor. No es mío el mérito ni el logro. No tratan estas letras de transmitirte lo mucho que soy capaz de quererte y lo enamorado que puedo estar de ti. Intento decirte que ninguno podremos ser como tú. Se trata, y ya lo dejo, de contarte lo mucho que enamoras y lo imposible que resulta quererte y no hacer todas las cosas que te acabo de escribir, ni ninguna de los millares que no te cuento por no alargar esta carta hasta el infinito.

    Por eso cambiaré el te quiero del final por la adoración que te profeso.

  • Su problema consistía en que veía el mundo lleno de finales. Todo lo que le rodeaba olía a término, a conclusión, a… ayer. Se asomaba por la ventana a media tarde y solo podía ver que era el final de la mañana. Cuando le servían el mejor y más delicioso postre pensaba sin remedio que se había acabado el segundo plato.

    Le gustaba más que a nadie leer su periódico dominical en la terracita de su casa, pero siempre lo hacía pensando en que aquellas páginas, acabadas de leer, perdían totalmente su valor, para siempre, abandonadas al olvido o al envoltorio de algún bocadillo sin historias que contar.

    Caminaba por las avenidas musitando siempre lo que dejaba atrás. Le gustaba colocarse de espaldas en las escaleras mecánicas para ver cómo, al subir, los peldaños del pasado eran cada vez más numerosos que los del presente.

    Un día, mientras descansaba en el sofá rodeado de recuerdos, se presentó en su salón la palabra Después. Estaba enfadada, mucho, y así se lo hizo saber. Después le espetó que tampoco era tan difícil acordarse de ella, vamos, que no es tan complicado pensarla de vez en cuando, qué sé yo, en ocasiones especiales, en su cumpleaños y, precisamente, después de cualquier antes.

    Nuestro protagonista se quedó perplejo, y sufrió varias crisis de ansiedad, todas ellas provocadas por el abismo que asomaba, ahora, al término de todas sus acciones. Después le esperaba en cada una de ellas inquieta, diríamos que hasta sugerente, y le dejaba abierta una ventana con vistas a lo que está por venir.

    Creía que Después había cambiado su vida, pero no tenía ni idea de que, precisamente después, apareció la palabra Mañana. Mucho más atractiva, seductora e interminable, Mañana le dejó definitivamente sin respiración. Si Después le había abierto las ventanas a lo que está por venir, Mañana le abría una puerta, de par en par, al porvenir mismo: ese sendero eterno de incertidumbre.

    Fue cuando se olvidó de los finales y se enamoró del encanto absoluto del principio de las cosas.

  • … iluminándose, sucediéndose unos a otros, proclamándose alaridos unas veces de alegría otrora de odios escondidos, con padres esperando a hijos que no llegan jamás a la hora convenida, mujeres esperando maridos que no quieren llegar a la hora que sea, o que sea ninguna. Familias escondiéndose de sus rutinas diarias detrás de programas de televisión, solteros llenándose sus tiempos con series descargadas y consolas, amantes saciándose entre sus pieles desnudas y sin nombre, ancianos restándose cuentas del rosario de la vida, estudiantes aprendiéndose lecciones que serán olvidadas el día después del examen, deportistas pesándose alimentos naturales e insípidos por igual, creyentes arrepintiéndose sin demasiada contrición de los pecados cometidos, divorciados desahogándose con sus nuevas parejas del error que cometieron, viudos recordándose que hubo un tiempo en el que hubo alguien todo el tiempo.

  • Pequeñas imágenes en las que ya no haces clic, accesos directos a momentos o lugares a los que nunca has vuelto. Hay en tu escritorio un montón de elementos sin ordenar, todos lanzados sobre el tapiz que elegiste algún día, porque te gustaba mucho, pero que ahora estás cansado de mirar. Algunos son rutas a carpetas que disponen lo que fue otro orden en tu vida, que se clasificaron con una lógica que ahora no llegas a comprender y que has simplificado. Y junto a ellos hay una papelera de reciclaje que almacena olvidos que sueñan con la restauración. Hay elementos sin usar en tu escritorio y te proponemos con un pequeño mensaje: que los abandones en ese lugar que nadie sabe dónde está y del que nunca volverán.