Censor de hombre libre y pájaro cantor

"Bienvenido a mi casa. Entre libremente por su propia voluntad. Deje parte de la felicidad que trae."

  • Un ruido les impedía encontrarse, una extraña mezcla de interrupción y onda sonora disfuncional corrompía su comunicación. En realidad no sabían si estaban lejos o cerca, «la distancia puede resultar un concepto relativo» pensaron a la vez. Ese pensamiento sincronizado por el azar o el destino [No discutamos sobre ello ahora] habría sido un estupendo punto de partida.

    Él, más tranquilo paciente y solícito reunió datos, información, conocimientos adquiridos en pos de la eliminación total del molesto e incómodo asistente de funeraria que impedía volver a reiniciar su conocimiento de ella.

    Ella, nerviosa, intranquila y más inteligente, decidió combatirlo desesperadamente. Salió de sus paredes de cristal y desencanto y comenzó a gritar su nombre por el mundo. «Tiene que estar cerca» , segundo pensamiento que surgió a la par. [El azar va perdiendo el partido].

    Pasaba el tiempo, rápido para ellos, lento, colosal, dinosaurio para el resto del cosmos.

    Era más bien un espectro insondable, un duende maligo, un súcubo regresado de otro día del mismo espacio; era más bien un completo demonio, un vil invierno, un traje de domingo. Pero para ellos no era más que ruido, interferencia, detención pausada que «no podrá conmigo». [Definitivamente no es azar, es destino]

    La antartida se deshiela, y ellos se comunican mucho más y mejor que amantes sudorosos en una tarde sin deseos…

    [Los sueños se dejan inspirar claramente (Dr.Faure) por la significación de un pedazo de música escuchado mientras uno está adormeciéndose]

  • Paja sentimental

    Hacía años que no se veían, que no se hablaban, que no se tocaban. Hacía años que no sabían nada el uno del otro. Tan solo alguna coincidencia momentánea en un vertical del espacio tiempo definido por el azar. Un gesto, un momento. Poca luz, pocas fresas.

    En todo ese tiempo la muerte instalada en su salón les ofrecía café, con leche y cortado, ya les conocía, madre y hermana de la humanidad. Un día les sorprendió incluso con un par de tostadas de mediocridad y rutina, que degustaron con placer.

    De pronto una especie de tsunami entró por la ventana. En forma de beso, de caricia vespertina, y una fresa se deslizó por su ombligo (qué importa de quién, joder es una fresa en el ombligo).

    Practicaron el sexo durante horas, algunos dicen que días. El café de la mañana siguiente se quedó frío y la muerte engordó por la nueva dieta de sobras de tostada que comía cada mañana.

    Meses después volvieron a no verse a no tocarse, a no hablarse.

    Hoy, años más tarde la muerte envidia aquellos días de fresas en el ombligo y cafés helados. Porque, por mucho que lo intente, la muerte no sabe lo que es un tsunami por la ventana en forma de beso.

    Dicen que esa envidia es la que le invita a meterse en el salón de tu casa.

  • Dame un motivo…

    un nombre, un tema, una clase, una entidad. Mueve el mundo en el que te mueves y desprecia lo que permanezca. Dame un motivo, un susurro, un suspiro, un roce. Toca el mundo en que te arrastras y barre lo que te haga daño.

    transición

    Transición de mundos,
    de ideas
    de ti,
    de mí

  • Sí, quiero

    «…se dieron todo el uno al otro, se compartieron tanto, dicen, que incluso hubo un momento en que no se podía distinguir quién era quién. Entonces apareció el problema. Tanto estar uno en el otro acabó por intercambiarles las almas. Dejaron de gustarles ciertas cosas, porque en realidad era de sí mismos de quienes se habían enamorado. Sus peores detalles aparecían en el otro como en un espejo, retornando como puñales afilados…»

  • Perfección 02

    Me gustaba su forma de acariciarme, su brazo excelso, fuerte, articulado directamente para conseguir ese movimiento que recorría mi cuerpo cada noche. En los días siguientes a cualquier orgasmo nada venial, solía quedarse mirándome, como en cierta espera a mi voluntad.

    Nunca me pedía nada que no quisiera, nunca me exigió explicaciones sobre mi conducta de los viernes por la noche, cuando le dejaba allí, tumbado en el salón y frente a la televisión. Siempre sumiso, siempre perfecto.

    Adoraba cuando nos dedicábamos el fin de semana a jugar con la comida, fresas, nata, plátanos, de un cuerpo a otro, de su sexo al mío, sin descanso, sin palabras. Él era capaz de estar horas y horas quieto, sin moverse, con la fresa en la boca, esperando dócil la orden de mis labios, el gesto suave de cualquiera de mis dedos que ordenaban nuevos juegos, nuevos sueños.

    El otro día me lo encontré por casualidad, como suele suceder, los mejores reencuentros ocurren por casualidad. Nos quedamos mirando, una vez más sin palabras, y no hizo falta nada más. Una mujer siempre sabe esas cosas.

    Ahora, además, viene con más accesorios, incluso con ciertos sabores afrutados que bien sabe cuánto me gustan. Tan sumiso como siempre. Tan desmontable. Tan grande. Tan delicado.

    Y con pilas recargables.

  • Perfección 01

    Aquella noche hacía el calor necesario para entendernos.

    Aquella noche la luz intensa de la luna era necesariamente imprescindible para que nos abrazáramos.

    Aquella noche, y de forma cuantitativamente necesaria, el musgo abrazado a la tierra era el justo para que nos entendiéramos.

    Aquella irrepetible noche, y minuciosamente calculadas, lucían las estrellan con la intensidad nanométricamente calculada para dar el equitativo brillo a tus verdes ojos de mar. Aquella noche todo, todo, todo era absolutamente perfecto.

    Lástima que estuvieras conmigo.

  • Imagina un mundo donde todo está dicho. Ahora imagina otro donde todo se ha escuchado. Si eliges el primero es porque consideras que todo está hecho, sin embargo si has preferido el segundo es porque ya no queda nada por hacer.

    Ahora piensa en cuál de los dos quieres morir.

    Imagina un mundo donde todo se vive con la mayor intensidad. Ahora otro donde no sientes absolutamente nada. Si eliges el primero es porque todavía no has vivido de verdad. Si eliges el segundo es porque ya te hicieron demasiado daño.

    Ahora piensa en cuál de los dos quieres sentarte a llorar.

    Imagina un mundo donde todos te admiran. Ahora otro mundo donde nadie sabe de tu existencia. Si eliges el primero es porque nadie te ha dicho nunca lo que vales. Si eliges el segundo es porque estás cansado de ser siempre imprescindible.

    Ahora piensa en cuál de los dos quieres quejarte eternamente.

    Imagina un mundo donde unos te quieren, otros no; donde unos piensan que eres un gran amigo, otros que no piensan volver a llamarte; donde unos te necesitan para vivir y otros no quieren volver a verte jamás. Imagina un mundo donde eres bueno unas veces y otras lo haces fatal; donde hay días que te sales y días en los que mejor te hubieras quedado en casa.

    Ahora piensa en que ese es el mundo en que te ha tocado existir.

    Viva el mundo en el que, básicamente, no tienes ni idea de qué pasará mañana, porque es todos los mundos a la vez y en él caben todas las vidas que quieras vivir.

    Te guste o no.

  • A menudo abres la nevera con la esperanza de que haya cambiado. No sabes aun por qué ni cómo eres capaz de mantenerla. Todos los días, todas las noches, en verano, en invierno. Ese momento en que la luz te indica que ya puedes contemplar su interior tiene un aspecto sacro, inmenso, es el antes, y en el antes caben muchos sueños. Pero ese momento es tan fino, tan rápido y tan delicado que te despierta del antes para llevarte a un después donde, efectivamente, compruebas una vez más, un día más, una noche más que sigue estando vacía, desolada, desocupada, disponible, inane de motivos para sonreír.

    Y lo peor de esta inanidad, del necio momento, es que en realidad no está del todo vacía, hay algo en su estante tras la puerta que aparece como un sello, firma y rúbrica de la realidad en la que vives: solo queda un cartón de leche.

    Y entonces el después desolado y disponible pasa a ser un eterno, un siempre es lo mismo. El cartón de leche te confirma que es un lo que no pudo ser: ese quimérico instante en el que todo es perfecto, con un café para poner color a una vida pálida como tu leche única, quién sabe si incluso un pedazo de galleta para dejarse empapar por el contenido de tu triste savia expugnable.

    Pero solo te queda un cartón de leche, y para cuando vuelves a cerrar la puerta ni te preocupa ya si estaba medio lleno o medio vacío. Porque, en realidad, eternamente dará lo mismo.

  • 1. Se manchan las manos que amasan el pan que otros comen. Se mancha el mantel del hilo que otros cosen: en realidad todo es para otro.

    2. Tenía que crear algo, pero no sabía qué, así que decidió crearse otro yo que no tuviera tantas estúpidas dudas.

    3. De pronto escuchó un beso, pero no era el suyo. Siguió pensando que en realidad, cuando lo fuera, lo sabría.

    4. Se encontraron con su otro yo. Y se preguntaron cómo habían llegado a ser tan distintos de lo que pensaban. Se despidieron.

    5. El amor descansaba entre los dos de tanto ir y venir. Un día, harto ya, se marchó desperdiciando la oportunidad

    6. Resonó su corazón al caer el alba; era el alba nueva cuando resonó por segunda vez, y supo que vivió la noche más silenciosa.

    7. Encontraron un mensaje de Dios: «Queréis». Cien teólogos concluyeron que seguiría «conocerme». Mandó el segundo «escucharme»

    8. La culpa fue de una mirada, dicen, que le traspasó hasta darle la vuelta. Por eso nunca volvió a saber dónde estaba el norte

    9. Nunca ha abierto el cofre que encontró tras muchos años, mapa en mano. Prefiere pensar que el tesoro es todo lo que hay fuera

    10. Después de toda una vida juntos hacen balance: no han llegado nunca a conocer el amor, ni han llorado jamás. Descansen en paz

    11. «Lo sé. Eres tú. Lo supe desde el primer día. Nunca lo dudé.» Fue decirlo y fracasar.

    12. Murió pensando que el mar terminaba en el cristal de su pecera; que su planta era bosque. Murió más feliz que todos nosotros

    13. Decidieron comprar unas tijeras para recortar el camino e inaugurar futuros.

    14. Harto de ver las hojas siempre inalcanzables, decidió viajar en busca de otoños

    15. Decidió escribirle un verso que, de tan esmerado mutó en dibujo que, de tan hermoso se hizo carne que, de tan perfecta, le amó

    16. Le dio una linterna a la oscuridad, que siempre estaba muerta de miedo. Por fin pudieron dormir los dos. Sueños artificiales.

    17. Le añoraba cada día hablando con su silla vacía. Hay quien jura haber visto a la silla llorar. Yo me lo creo, ¿verdad silla?

    18. Discutieron tanto sobre quién quería más al otro que no tuvieron más remedio que divorciarse.

    19. La matemática de echarse de menos: cuando a dos le restas uno y te queda medio.

    20. Eran dos palabras y decidieron ser poema. Les gustaba su asonancia y falta de ritmo. Hoy son el título de un soneto aburrido.

    21. Ya parto. Llegaré al planeta indicado y cumpliré mi misión. Tu tumba, doscientos años después de verte hoy, tendrá una flor. .

    22. Escribieron una historia de amor tan grande y especial que tuvo introducción, nudo en la garganta y enlace.

    23. Se conocieron en una canción y decidieron ser su estribillo. Ahora viven en los aplausos.

    24. Se conocieron justo antes de que terminara el mundo, decidieron que su último beso fuera como el primero.

    25. Así que decidió meterse en una caja para que alguien se sorprendiera cuando descubriera su interior (y el de la caja, claro).

    El cielo del paladar es disfrutar eternamente de tu dulzura, sin pecado concebida, por los siglos de los siglos, amen.

  • Elogio del error

    Porque no esperas, ni avisas, nunca eres invitado, te cometes, te repites, te duplicas en la misma piedra.

    Porque te vistes de imperdonable, imprevisible, inaceptable, otrora minúsculo, despreciable, colateral.

    Eres diferencia en matemáticas, desviación en física, y explosión en química; grito entre palabras, silencio que no sabe y enunciado a destiempo; hache sin grafía, doble consonante al final de palabra o minúscula después de punto.

    Pero solo tú colocas en su sitio, te reconoces, rectificas a tiempo, propones otro ensayo, reordenas el caos, humanizas a los dioses, descabalgas generales y destronas reyes.